Desearía ser
una diminuta flor silvestre,
para escudriñar la vida
escondida en la gramilla
que en cada lugar medra.
O ser...
una piedra solitaria
que ansiosa espera
a las aguas
camuflada en doradas arenas
para ser esculpida con idoneidad.
¿Y si pudiese ser
una inflorescencia de glicinas,
cayendo en cascadas fragantes
como si fuese un racimo
de uvas en flores devenida?
O podría ser quizás
un avecilla sorprendida
porque su árbol frondoso
al despojador otoño
su vestidura ofrendó.
Pero, definitivamente
elegiría a la mar,
percibo que en ella moran
los misterios de la vida
y es el reparo exacto
cuando las inclemencias atizan.
Viviana Laura Castagno Fuentes