Creí, —ingenuamente—
que mis letras
estarían preparadas
para instalarse cómodamente
en los poemas
que a borbotones fluirían
pero, —qué equivocada estaba—.
Ocurrió lo inesperado,
—se anquilosó mi mente—
hubo una conmoción interna,
se obnubiló esa mañana
ante la desmesura
y el esplendor ilimitado
que por doquier ofrendas.
Y no es tu cielo solamente
en comunión perenne
con el inasible mar,
ni la profusión de tus follajes,
no son tus impecables vergeles
ni tus aves, ni tu brisa inconfundible.
A mis letras las intimidó
tanta belleza inusitada
y se quedaron mudas ellas,
se tornaron tiesas,
cuando en realidad poseen
miles de argumentos
para retozar en poemas
que las alberguen.
Viviana Laura Castagno Fuentes