En su aparente displicencia estaban enmascarados los miedos que su natural devenir eclipsaron.
Se atribuló en el camino, dejó en libertad a sus traicioneros moradores que a su vida toda emboscaron.
¡Claro que no era displicente!, si levantábamos ese velo y en su universo interior indagábamos —aparecía su esencia amable y serena— la que sufrió un secuestro involuntario a manos de unos opresores que sin límites a su alma abdujeron.
Viviana Laura Castagno Fuentes