La mayoría habla del amor con una liviandad atroz, como si para sentir la profundidad del mismo bastara con la atracción sexual y se confunden con —las trampas del amor romántico—, nada más alejado de la verdad.
Esa confusión, es el nudo gordiano de todos los fracasos estridentes y previsibles en las relaciones.
El amor supone un contrato moral entre partes, pero no necesariamente implica la bendición de algún representante de una religión, excede a toda esa parafernalia.
Es tan sublime, que nada exige, fluye naturalmente y se acomoda en los pliegues que otorga la confianza en el otro, no escatima nada, se ofrenda sin estridencias ni límites impuestos.
Amar a alguien implica despojarse de prejuicios, desnudar el universo interior donde anida la síntesis exacta entre lo genuino, lo verdadero y lo incondicional.
El amor verdadero no busca un cuerpo desnudo, sino escudriñar en la exquisita e inefable desnudez del alma.
Viviana Laura Castagno Fuentes




