Una frágil y delicada ave
llega cada tarde y entona su melodía,
es un lujo su canto, una pieza musical exquisita.
Posa su grácil cuerpito,
adornado con plumaje iridiscente
sobre el borde del balcón
—que asoma su cara de cemento—
como si buscara avanzar
sobre jardines y patios linderos
con actitud de escudriñador.
Es tan perceptiva, que si intento mirarla,
extiende sus alas y raudamente emprende
el vuelo ¿o la huida tal vez?
¿Cómo saberlo?
¿Quién eres avecilla,
qué intentas transmitir con tu canto?
Para el mundo eres una especie,
una de las miles que habitan el planeta.
Pero mi alma sabe, eres la mensajera
de algún ser amado
que se adelantó en el viaje
y regresa cada atardecer
—para despedirse—, entonando
la más sublime de las melodías.
Viviana Laura Castagno Fuentes
