La lectura, ese refugio insospechado, ese reparo amable que a la mente suscita mientras al alma plácida cautiva.
Pone en jaque muchas veces lo que hemos aprendido y nos desafía con contundencia, sin lastimar un ápice.
Desordena y despabila los conceptos todos, es la naturaleza misma con sus estaciones y sus procesos de adaptación permanente.
Es un diálogo —íntimo y a medida— entre el autor y nosotros los lectores, los que en las páginas de un libro en ávidos exploradores nos convertimos.
Muchas veces lo leído nos resultó intrascendente, no logró modificar nada y es natural que suceda porque acicatea la búsqueda.
Pero, hay lecturas que nos invitan a cerrar los ojos para navegar en los mares que exhiben mientras nos proponen discernir y hasta me animo a decir —que cada palabra es portadora de nuevas perspectivas—.
Son esas experiencias extraordinarias que inducen a nuestro raciocinio mientras muy sutilmente —nos cambian—.
Viviana Laura Castagno Fuentes