Junto al verano —que con bríos ha irrumpido—
anticipándose unos días según el calendario,
también llegan tiempos para la siesta
—esos interregnos tan especiales—
que parecen suspender un rato a la vida.
La siesta, un hábito natural aun en pueblos
y ciudades del interior —son casi obligatorios—
un paréntesis donde solo el silencio habla
y los soles abrasadores a la piel laceran.
La siesta, un llamado tácito al reposo
—y un recuerdo que aún me perturba—
porque para mí era como convocar
a la inescrutable muerte sin mi anuencia.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Viviana Laura Castagno Fuentes