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sábado, 27 de diciembre de 2025

DÍAS COMPLEJOS

 Así, de a poco, como si el aprendizaje no hubiese acabado todavía, intento proseguir viviendo.

Nada es fácil —¿quién aseveró lo contrario?—, se entorpece el camino, regresan los óbices y me expulsan de la travesía.

Y vuelvo al comienzo o al menos así lo percibo, aunque en realidad un poco he avanzado y está doliendo menos todo, pero sería un dislate —cantar victoria—. 

Reconozco mi capacidad para permitir que el dolor —haga su tarea—, me propuse no exigir nada, no apresurar las etapas y dejar que lo demás fluyese, aun cuando deseaba detener al tiempo arrancando de cuajo las agujas del reloj.

El adiós a un ser amado es un hecho inevitable, una certeza y natural —pero no estaba preparada y arrasó conmigo y mi universo—. 

Me pregunto ¿Alguien está preparado para decir adiós, máxime cuando hay que despedir a una madre extraordinaria? ¿Hay alguien realmente que pueda ignorar la conmoción que genera? 

Hoy, el amor inconmensurable que cultivó en mí —es la terapia más acertada, la que me centra y estabiliza—, aunque los derrumbes sean sorpresivos, se reiteren y me paralicen. 

Saldré, miraré el cielo como cuando lo escudriñábamos juntas, porque estoy suturando ¿o zurciendo nada más? la más grande de mis heridas con las letras de los poemas muchas veces bañados en lágrimas —que escurro en silencio— antes de publicarlos. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 


LA DOCENTE

Detrás de los follajes

con brillantes verdores 

hay un lienzo azul intenso 

sobre el que —tal vez— 

están recostando su hastío, 

interrumpido de a ratos 

por una brisa tenue 

que discretamente

los está acariciando.


Dones maravillosos 

de la naturaleza, 

una maestra dilecta

que nos enseña siempre

—sin regodeos—, 

nada exhibe ni presume 

comunica con solvencia

el milagro de la vida. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 


¿INTENSA?

—Eres intensa niña—, fue el escueto mensaje de una escritora debajo de uno de los poemas que publiqué en una red literaria. 

Me gustó su sencillez tan asertiva, y también me llamó a la reflexión porque: ¿no debería ser imprescindible la intensidad para la poesía?

O expresado de otra manera: ¿Existe la poesía sin intensidad?

Después de muchos años en este universo tan único de la escritura— tan personal e intransferible—, tengo una posición tomada al respecto o una percepción en realidad: "no podría garabatear ni  un verso sin la anuencia de la intensidad, es indivisible para mí".

Es decir, hasta considero a la poesía como un género que se escinde del resto, es otro, diferente, convoca a las letras con demandas peculiares y expresa con contundencia las viscisitudes del alma —aferrada a la pasión y la verdad—, sin la anuencia de ellas sencillamente la poesía no existiría, no sería.

Tampoco avalo y hasta me desagrada que desmenucen tanto a la poesía y la conviertan en una candidata predilecta para "realizar una autopsia", no hay que someterla a un análisis exhaustivo siquiera, existe una profanación permanente que la desvirtúa. 

Y en esta instancia me tomaré el atrevimiento de citar textualmente una respuesta exquisita del maestro "Rabindranath Tagore" luego de que disertara una de las suyas:

—No entendí, responde un oyente luego de la disertación. 

—No hay nada para entender, solo es poesía, responde " Rabindranath Tagore". 

—Y el hombre insistía  "pero no entendí". 

Entonces el autor le contesta —con la intención de terminar con la imprudente interrogación del hombre—: 

—"EL perfume es la forma que asume la alegría universal de la flor" (sic). 

¿Hay poesía sin intensidad, sin pasión y sin verdad?

¿Existe una mar sin el ímpetu de las olas que en la playa se deshacen mientras a la arena subyugan? 


Viviana Laura Castagno Fuentes