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sábado, 27 de diciembre de 2025

¿INTENSA?

—Eres intensa niña—, fue el escueto mensaje de una escritora debajo de uno de los poemas que publiqué en una red literaria. 

Me gustó su sencillez tan asertiva, y también me llamó a la reflexión porque: ¿no debería ser imprescindible la intensidad para la poesía?

O expresado de otra manera: ¿Existe la poesía sin intensidad?

Después de muchos años en este universo tan único de la escritura— tan personal e intransferible—, tengo una posición tomada al respecto o una percepción en realidad: "no podría garabatear ni  un verso sin la anuencia de la intensidad, es indivisible para mí".

Es decir, hasta considero a la poesía como un género que se escinde del resto, es otro, diferente, convoca a las letras con demandas peculiares y expresa con contundencia las viscisitudes del alma —aferrada a la pasión y la verdad—, sin la anuencia de ellas sencillamente la poesía no existiría, no sería.

Tampoco avalo y hasta me desagrada que desmenucen tanto a la poesía y la conviertan en una candidata predilecta para "realizar una autopsia", no hay que someterla a un análisis exhaustivo siquiera, existe una profanación permanente que la desvirtúa. 

Y en esta instancia me tomaré el atrevimiento de citar textualmente una respuesta exquisita del maestro "Rabindranath Tagore" luego de que disertara una de las suyas:

—No entendí, responde un oyente luego de la disertación. 

—No hay nada para entender, solo es poesía, responde " Rabindranath Tagore". 

—Y el hombre insistía  "pero no entendí". 

Entonces el autor le contesta —con la intención de terminar con la imprudente interrogación del hombre—: 

—"EL perfume es la forma que asume la alegría universal de la flor" (sic). 

¿Hay poesía sin intensidad, sin pasión y sin verdad?

¿Existe una mar sin el ímpetu de las olas que en la playa se deshacen mientras a la arena subyugan? 


Viviana Laura Castagno Fuentes 

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