Añoro emocionarme
como antes lo hacía
con mis amadas glicinas
maravillosos racimos de uvas
en fragantes flores devenidas.
Añoro a mi amado río
llegando hasta mis pies
haciéndose el distraído
porque en realidad...
muy sutilmente lo acariciaba.
Añoro ese cielo diáfano
que en un espejo de agua
se miraba y presumía
interrumpido de a ratos
por un ave y su elegante vuelo.
Deseo la plenitud que otorgaba
la profunda sencillez de la vida
—pletórica en valores eternos—
que en el alma se asilaban
el hogar donde la paz habita.
Viviana Laura Castagno Fuentes