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jueves, 16 de mayo de 2024

DESPERTARON ELLOS...


He fracasado otra vez, he sido derrotada por los recuerdos que hoy —en un acto de conspiración— se inmiscuyeron todos juntos y mi aparente serenidad alteraron.

Pueden conmigo, demolieron mis cimientos que cierta solidez tenían y el proceso comienza de nuevo.

Recuerdos, es la vida toda en los entresijos de la mente atesorados  —¿o en alma en realidad?—, acumulan la historia de una travesía que posee a todos los accidentes geográficos y más todavía.

Es mentira, nadie puede evitar que despierten, es una tarea harto imposible intentar ignorarlos, porque son quienes nos edifican, sin ellos estaríamos vacíos, incompletos, seríamos una hechura a medias. 

Evadir a los recuerdos es como pretender una biblioteca sin libros, un río sin sus vados o meandros, un adiós sin lágrimas, un árbol huérfano de sus aves y sus nidos. 

Llegaron cuando estaba absorta en mis tareas matinales, una fotografía tuya generó el desconcierto que arrasó con mi vergel, agigantó el páramo que se aposentó en cada intersticio y doblegó mi estabilidad —esa que creía férrea y contundente—.

Porque, aunque transcurren los meses y la adaptación organiza el desorden interno, a veces basta un indicio solamente para que el caos se adueñe de mí y en él vuelvo a extraviarme.

Recuerdos, esa biblioteca magna que poseemos, ellos nos traen la paz anhelada o el averno, viven acurrucados y en silencio, hasta que una fotografía los despabila y logran desafiarnos.

Entonces comienza la gesta, debo erguirme de nuevo, abrevando en los momentos maravillosos que me erigieron.

 Y definitivamente, —es en tu amor inconmensurable donde encuentro mi anclaje—, ese amor que no tendrá parangón alguno, porque nadie me amará como lo has hecho y es él quien me convoca a continuar a pesar de todas las inclemencias con sus páramos y vergeles incluidos.

Viviana Laura Castagno Fuentes