Con voz bajita y dulce, así deseo que me hables, acércate y deja que las palabras fluyan, sin límites autoimpuestos.
Con voz suavecita, porque así aprendí desde niña, mi madre atenuaba su voz para explicarme algo y lograba que aprendiese con el aval de su amor inconmensurable.
Cuidado con quienes alzan su voz cuando dialogan, están imponiendo su pensamiento a través de la violencia mientras subyugan.
Por eso, conmigo "la voz suavecita", no necesito otra, aprendo con facilidad y si gritan me ausento, viajo a un universo donde descanso, así de sencillito.
Viviana Laura Castagno Fuentes