Y lloré por ti
a sabiendas de que era un hecho
natural e irreversible
una parte de mí no comprendía
y se resistía a aceptar lo inevitable.
Y lloré como nunca
con el cuerpo y el alma cohesionados
inundé espacios yermos
fui la saciedad de los eriales
desbordé los estanques solitarios.
Y lloré vacía y extenuada
la respuesta que hallé para exiliar
a una angustia que se expandía
mientras a la vez se agigantaba.
Y lloro todavía te confieso
cuando tu recuerdo duele
—y seguiré haciéndolo—
las veces que crea pertinentes
porque el amor que has sembrado
no conoce ni sabe sobre olvidos
está aferrado a la piedra basal
de los ricos y eviternos recuerdos.
Viviana Laura Castagno Fuentes