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sábado, 7 de febrero de 2026

AMIGOS Y ESCRITORES


—¡Estúpido!, —dijo él—, todos tenemos miedos.
En este puto mundo en que vivimos
estamos asediados por ellos, nos han cercado,
por eso escribimos, para sublimar, para mejorarlo,
porque creemos que podemos trascenderlos.


El amigo quedó atónito, desconcertado,
no era natural su vocabulario, le era ajeno,
era muy puntilloso, poseía una verba rica
utilizaba las palabras con gran cuidado,
hasta parecía un cirujano con las letras.

—Calma amigo, —le dijo— no te exasperes,
solo pregunté si tenías miedos, nada más,
porque yo los tengo, a veces logro el control
pero otras siento que en ellos me asfixio,
que en sus procelosas aguas un naúfrago me vuelvo.

—Disculpa, —respondió él— consciente del exabrupto.
Pero, había que leer entre líneas lo expresado,
no hubo agresión alguna, la amistad era genuina
sucede que se había entrometido la muerte entre ambos, seis décadas vividas eran argumento válido para presentirla.

Ya no estaba lejos como antes, no era inasible,
hasta la veían casi y desde allí partieron los miedos
para sacudir lo rutinario.

Una vez que retornó la calma, apuraron sus pasos
y en silencio prosiguieron con su habitual paseo
hasta el lugar que hacía años frecuentaban.

La mesa del viejo café los esperaba, estaba
reservada para ambos; porque desde hacía décadas
a "fuente inspiradora" anclaba allí a sus musas
vistiendo disfraces varios y ellos sabían que
las letras exiliadas volverían.

Porque había versos aguardándolas, para mejorar
a una sociedad prosaica y con un futuro aciago
en ciernes, ellos intentarían con sus poesías
y sus prosas instalar a la belleza en un indolente
mundo que la había secuestrado.

SU MAGIA

Espantaba

con una escoba

a los fantasmas

que dormían debajo

de la cama.

Suturaba con un beso

las heridas que causaban

las caídas del triciclo

y guardaba en su pañuelo

las lágrimas derramadas

mientras sonreía.

Y retaba al cielo

cuando se oscurecía,

para desestimar el temor

que los relámpagos y truenos 

generaban.

Traía a la primavera

hasta mi almohada, 

llegaba con flores de glicina

y allí las dejaba

para perfumar los miedos 

que ya no asediaban. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 


viernes, 6 de febrero de 2026

PRESERVACIÓN

Me alejo a menudo

para observar desde afuera

las mareas internas 

y reconozco con satisfacción 

que la claridad se manifiesta. 

Hay tanta nimiedad

con carácter de importante

entonces, decido el desalojo

nada debe ocupar un lugar 

si no es para que medren vergeles

porque invaden sin permiso

el hogar que al alma pertenece. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 


UN VIAJE INTERIOR

Cuando hay cerrazones 

elijo apagar la luz un rato

para encender la que vive dentro. 


Porque suele apabullarme 

lo que ingresa del afuera 

y desordena la prolijidad

de mi caos. 


Encuentro paz en mi refugio

se aclaran las incertidumbres

y se consolidan los límites

necesarios. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 


APRESURADAS

Las macilentas hojas

están apresurando

su caída —en apariencia—,

quizá porque no desean

que el otoño próximo

las olvide de nuevo

y por eso precipitaron

su adiós en el estío.


Viviana Laura Castagno Fuentes 

NO PUEDO

 ¡Mamá, mamá! 

Y me quedo esperando:

¿Qué hija adorada? 

Pero el silencio se impone, 

es la única respuesta 

que se quedó empotrada

en las paredes, en las obras

que tejió durante años 

y hoy adornan un sillón 

una mesa y un sofá 

y resume con contundencia 

un duelo que hasta hoy 

es un fracaso estrepitoso. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 


¿CÓMO?

¿Y cómo explicar

que te quiero

como si estuvieses

todavía aquí, a mi lado, 

y que no puedo

despedirme todavía

porque si lo hago

estaría diciendo adiós

a mi vida, aun viviendo? 


¿Y cómo explicar

lo que no se explica, 

porque tampoco sé

dónde te encuentras 

si mirando desde tu ventana 

o ingresando a través de la mía?


Viviana Laura Castagno Fuentes