En estos tres años —después del naufragio estival— comenzó un proceso de cambios internos inevitables e imprescindibles.
Me exigió la vida, no hubo una actitud consciente sino una urgencia para no seguir cayendo por la pendiente.
Soy otra mujer, diferente, el dolor fue una saeta que atravesó mi pecho y se quedó allí por un tiempo largo, evito ser triunfalista y presumir que todo está superado —porque a veces retorna con creces y me derrumba—.
Pero hay una parte de mí que comenzó a procesar un "cambio consciente y volitivo", no tengo más espacio para "dilapidarme" en cuestiones nimias, solamente se queda en mí lo importante todo lo demás pasa de largo.
La muerte de mi Madre fue el dolor más inconmensurable de mi vida y si no aprendo de ella pues estaré viviendo en vano.
Viviana Laura Castagno Fuentes