Se apagó
cuando todo se encendía,
en absoluto silencio
sin temores, ni dudas
como si hubiese presentido
que la plenitud vivía
justo del otro lado
donde se hace luz
lo que aquí se hace sombra.
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Se apagó
cuando todo se encendía,
en absoluto silencio
sin temores, ni dudas
como si hubiese presentido
que la plenitud vivía
justo del otro lado
donde se hace luz
lo que aquí se hace sombra.
Que me buscas...
en la ausente y vacía noche
cuando el cielo entumecido
guarda todas sus estrellas
y baja el telón de los sueños.
Que me tientas...
y sabes que he viajado
hacia el mundo de la nada
donde me percibo perdida
excluida de la vida y de la muerte.
Que me visitas...
y tocas a la puerta inexistente
y es por eso que no acudo
pero dejas sobre la almohada
vestigios de un poema que será, mañana.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Un crepúsculo
nos obliga —diría—
a redefinir
y a consolidar quizá
un acto de confianza.
Es una despedida,
es un ¿transitorio? adiós
a las luces que garantizan
que la vida tendrá
otro bis mañana.
Decía que los abrazos
eran un idioma alternativo
cuando el del habla fallaba.
Y que supo ser rescatada
dentro de ese excelso universo
que los brazos habilitan.
Estuvo cuando un imponderable
le asestó un golpe inesperado
y murió dentro, y renació también
cuando todas sus piezas se juntaron.
Definitivamente
sin la anuencia
de la instantaneidad
de la inmediatez —diría—
la poesía no sería.
Ella es la urgencia
de los sentimientos
que un espacio reclaman,
existe como una escisión
con la mente que está ausente
y la génesis que está en el alma.
Recuerdo...
la impecable imagen
de la luna en primavera
dormitando sobre un espejo
que sabía ser río otras veces.
Parecía un lienzo extendido
que una brisa amable
se encargaba de descubrir
agitando a las impávidas aguas
mientras a la dama fragmentaba.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Espantaba
con una escoba
a los fantasmas
que dormían debajo
de la cama.
Suturaba con un beso
las heridas que causaban
las caídas del triciclo
y guardaba en su pañuelo
las lágrimas derramadas
mientras sonreía.
Y retaba al cielo
cuando se oscurecía,
para desestimar el temor
que los relámpagos y truenos
generaban.
Traía a la primavera
hasta mi almohada,
llegaba con flores de glicina
y allí las dejaba
para perfumar los miedos
que ya no asediaban.
Viviana Laura Castagno Fuentes