Mentira,
nos mienten
cuando nos dicen
que el pasado no existe,
como si fuese un oprobio
rememorarlo.
Sí, existe
y está vivo e indemne
en todos los intersticios
y desde allí nos mira.
Está cómodamente
asilado
en las hojas doradas
que desgarró el otoño.
Está en el aroma
del humeante café
de la mañana,
y mi padre vuelve
porque jamás se ha ido.
Está en la plaza del pueblo,
en cada juego
donde mi niñez
risas y algarabía
desperdigaba.
Y mora cómodamente
en la sonrisa de mi madre
cada vez que me miraba
con un amor inmarcesible
que en mí está indemne.
Y está omnipresente
en la plenitud del alma
cada vez que la infancia
su ingenuidad y frescura
esparce.
Mentira,
es mentira
que el pasado no existe,
lo recreamos día a día
—porque él nos ha edificado—.
Viviana Laura Castagno Fuentes