Convengamos —que jamás logré superar tu adiós—, solamente fui acomodando mis jirones mientras organizaba mis prioridades y a ellas me dedicaba.
Tal vez no existe la caducidad del dolor, creo que se esfuma por lapsos como esas nubes que modifican su diseño y luego ante nuestros ojos se volatilizan.
Y sabrás que evito hablar con alguien al respecto, estoy curada de espanto y he cometido muchos errores —por esa reiterada costumbre de creer que los demás son confiables—, y no lo son en realidad, la aparente amistad se diluye ante un dolor y se escapa.
Por eso, elijo una suerte de atrincheramiento junto a emociones que son solamente mías (y tuyas) considerando que no existe nadie fiable para que indague en nuestro universo, sería un enemigo en nuestras filas.
Y creo que me preguntarías: ¿Y para qué exhibir tu dolor escribiendo, qué sentido tiene?
Y sería atinada la pregunta y responderé al respecto: "Cuando las emociones desbordan cual río que se sale de cauce, escribir es un bálsamo para mí, percibo que les incrusto alas y las induzco a volar fuera de mí" ; no importa si leen o no, en ese momento solamente estoy inmiscuida en las intimidades de mi ser y se gesta una liberación que acomoda las piezas diseminadas.
Pero también puede suceder que haya personas pasando por una situación similar y se sientan identificadas y esta costumbre mía por plasmar mis sentimientos en la escritura encuentre a alguien que pueda resarcir o atenuar su padecimiento.
Sabrás, que la alegría tiene muchos cómplices, pero un doliente está a solas descubriendo su camino hacia la superación ansiada.
Viviana Laura Castagno Fuentes