Me iré de este mundo convencida
de que nada puede emular
a las extraordinarias manifestaciones
que sin hesitar ofrenda la naturaleza.
En ella me reconozco y regodeo,
convoca recuerdos inolvidables
que este frágil presente fertilizan:
—son lienzos en paisajes devenidos
—primaveras investidas de colores y texturas
—atardeceres con nubes arreboladas
que danzan mientras de formas mutan.
¿Y qué decir de mi río manso, versátil,
que sabe ser cascada o devenir en estanque?
¿Y los amaneceres cuando irrumpen
apagando unas luces y encendiendo otras?
Definitivamente me iré convencida
de que las magnificencias naturales
son obras magistrales con un alma diferente.