Hay que zambullirse sin miedos
allí donde mora estoica
la sencillez de la vida toda
sin ambages ni eufemismos.
Hay que saber mirar profundo,
sin aposentarnos en cuerpos
—que de tan efímeros ellos—
ante el paso del tiempo claudican
y en recuerdos vastos mutan.
Hay que trascender siempre
porque el derrotero se impone
—solo el alma es goce eterno—
el abyecto materialismo, las mezquindades
son desperdicios vacuos que por fútiles fenecen.