con su tono irreverente,
dejó atónitos a todos
nadie se animó a rebatir nada,
-le temían- y él los controlaba.
Porque para él,
las acumulaciones materiales,
las aprobaciones sociales,
eran el éxito -allí residía todo-
no había nada más importante.
Amaba insuflar temor
y era consciente de ello,
cuánto más poder demostraba,
más influencia ejercía
y en esos placeres absurdos
se regodeaba el imbécil.
No amigo, el éxito
no es tener al mundo
entre las manos
y menos domeñar a otros.
El éxito se mide con valores
y la maestra es el alma,
se es exitoso cuando hay honor,
sino todo lo acumulado -es fracaso-.
Viviana Laura Castagno Fuentes

