Y logré al fin, desalojé a los dolores apoltronados,
les cancelé la comodidad en que habitaban y
los invité a partir, hasta las maletas les tenía preparadas.
Y partieron, pero aunque una contrariedad parezca
han dejado un vacío, algo me falta muy dentro
y no logro encontrar las respuestas atinadas.
¿Por qué me acostumbré a asilar dolores viejos?
Somos una amalgama de complejidades los humanos,
hasta ayer nomás clamaba por excarcelar dolores anquilosados,
hoy no están, pero hasta diría que los extraño y parece
un galimatías lo expresado.
Deseaba tanto un espacio para que nuevas emociones ingresen
y despabilen a amorosos moradores que estaban aguardando
desde hace mucho tiempo.
¿Será que me asustaron los cambios,
que a dolores y angustias viejas me había adaptado?
que a dolores y angustias viejas me había adaptado?
Mi vida es un historial ingente sobre miedos sempiternos
y emociones nuevas lidiando entre ellos, es una batalla diaria,
no deberían sepultar al amor que ha llegado —porque atendieron los miedos—
y prefirieron llamar a los viejos moradores porque a ellos se acostumbraron.
Viviana Laura Castagno Fuentes