Quizá, no saber dónde estás mi niña
y tampoco comprender tanta sevicia
sea lo que aún me mantiene erguida,
porque al final del camino todo se esclarece
la estulticia vuelve al rincón que tiene asignado
y las alas que se expandieron en tu alma diáfana
se convirtieron seguramente en tus rescatistas.
Viviana Laura Castagno Fuentes