Siempre tuve una fuerte tendencia a pensar mucho, demasiado, a calcular cada paso que daría porque deseaba ser asertiva y evitaba equivocarme.
"Aprensiva" era el término que mi madre utilizaba para definirme, —no hay que ser tan aprensiva, hay que dejar que las cosas sucedan y verás que nada es tan complejo ni tan grave— me repetía constantemente.
Demás está decir —que mamá tenía razón—, era una actitud reincidente en mí, creo que allí viajaban los miedos y cierta inseguridad también, un amasijo de sentimientos que a cierta edad eran inmanejables para mí.
Hoy, miro la vida desde otro lugar, más distendida porque han mutado mis prioridades y es natural que ello suceda, la adolescente de entonces dio paso a la mujer adulta de ahora.
Cuando los escollos aparecen durante el viaje, dejo a mi mente en un blanco níveo, la clausuro y me permito fluir mientras habilito que todo a mi alrededor también acompañe esa actitud liberadora, no deberíamos vivir intentando tener control sobre todo, genera un gran hartazgo y nos debilita.
Adoro la vida que tuve, amo a mis seres amados, pero debo admitir que si pudiese resarcir algo de mi pasado sería: "corregir esa actitud aprensiva" que eclipsó oportunidades extraordinarias.
Viviana Laura Castagno Fuentes