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martes, 6 de enero de 2026

REFUGIADA

Percibo íntimamente 

que el afuera 

se fue convirtiendo 

en un lugar volátil 

e inseguro. 

Me incomoda, 

inhabilita a mis alas 

—justamente a ellas—

que del suelo me elevan

y me conducen 

hacia el refugio 

donde viven las letras. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 


ADULTOS MALHERIDOS

Estamos como estamos —porque hemos asesinado a nuestro niño interior— y así nos está yendo. Nos hemos extraviado en un mundo que nos propone —un consumismo abyecto— que a un vacío absoluto nos conduce. 


Fuimos indolentes, nos convencieron que la adultez consistía en asumir actitudes rígidas, nos dejamos engullir por los dogmas que anquilosan al pensamiento, lo nivelan y acaban igualándolo, porque —es confortable— emitir las mismas ideas para agradar al resto. 


Todos piensan lo mismo, visten como —la moda establece—, nadie se atreve a ser diferente porque hay que —seguir a la masa—, es más cómodo, no hay que asumir riesgos.


Y he ahí el dilema, seguir los cánticos de nuestra alma prístina, —implica deshacernos antes de toda la hojarasca que la asfixia y la reduce a un remedo solamente mientras la minimiza—. 


Seamos auténticos, hagamos siempre un pacto con —la verdad— y desdeñemos a —la mentira — que es tan dañina y nos lleva por senderos que a nuestra paz interior conmociona y desasosiega. 


Sí, debemos ser adultos responsables sin necesidad de elidir al niño que nos habita —él posee las potencialidades intactas—, con ellas al mundo vinimos, pero en el camino les asestamos un golpe feroz y a escombros las redujimos porque teníamos que ser iguales (era más fácil) aunque implicase —soterrar antes al alma— que sobrevive agonizante, infeliz y sofocada. 


Viviana Laura Castagno Fuentes