Hay amores
que fenecen
espontáneamente,
sin generar dolor
y así terminan.
Hay otros
que tienen
su fecha de caducidad
ya anunciada,
pero son sometidos
a vivir bajo presión
aun desfalleciendo.
Pero, existen otros
que se hospedan
en las profundidades
justamente allí
donde el alma los cobija.
Esos amores
son estoicos sobrevivientes,
sortean borrascas
con la impronta única
que los resilientes poseen.
Y se quedan ahí
silentes, aguardando
que un ímpetu primaveral
amorosamente los despabile
como si fuesen
frágiles y delicados retoños
de una glamorosa gardenia.
Viviana Laura Castagno Fuentes
