Cuidado, se ha instalado muy sutilmente a nivel mundial, una manipulación de los sentimientos que nos está exigiendo a "ser positivos y/o felices", como si bastara con una decisión nada más para que la plenitud nos embargue a todos, solo con un cambio de actitud.
Es peligroso el mensaje —al menos lo es para mí—, porque quita del medio al dolor en todos los sentidos, el físico y el espiritual, y busca eliminar al que sufre como si fuese un óbice que entorpece el normal desenvolvimiento de una sociedad cada vez más indolente, estólida y frívola.
Es como un decreto: "hay que alejar a quienes socavan el camino hacia ese universo de felices eviternos", porque no hay que interrumpirles su hálito de perfección.
Brego para que la plenitud o los desmoronamientos sean parte natural del proceso de vivir.
Vendrán etapas para disfrutar y otras para derramar lágrimas cuando lo amerite y si tenemos que inundar nuestro entorno —así será —, aprenderemos a nadar en ellas luego.
Elegiré siempre darme de bruces con la realidad que me desafía, a tener que esconder lo que me agobia para no molestar a los felices que deambulan por ahí.
Disculpen ustedes —reiré y lloraré espontáneamente siempre—, porque nací humana y no deseo fenecer siendo un robot.
Viviana Laura Castagno Fuentes