El regazo...
ese continente imaginario
donde los miedos todos
se esfumaban
—como por arte de magia—
cuando hasta el llegábamos.
Era una galaxia secreta,
con un beso de mamá
una herida dejaba de doler
y la cicatrización comenzaba.
Era la contención desmedida
para los niños desconsolados
porque un juguete querido
se rompió por un descuido.
Ahí acababan las rencillas
entre los hermanos,
todos corriendo hasta mamá
porque en su regazo
la paz del planeta se firmaba.
Un lugar, un universo peculiar
sin límites físicos visibles,
el regazo era interminable
se desdibujaba solamente
cuando mamá con un beso
envolvía heridas, miedos y llantos.
Viviana Laura Castagno Fuentes