El mar no embate
no erosiona, ni socava,
el mar está vivo
y responde a sus ciclos
absolutamente naturales.
El mar no se equivoca,
ni siquiera es victimario
carece de los vicios humanos
no daña adrede a nadie.
Es el hombre el problema,
no cede en sus ansias
por la angurria inmobiliaria
y en aras de las pingües
ganancias y enriquecimientos
ha usurpado espacios
extensiones inexpugnables
de un mar que hoy, está volviendo.