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sábado, 3 de agosto de 2019

DÍAS...



Hay días estancos, difíciles, 
las montañas lloran 
lágrimas de rocas, 
nos bloquean los caminos
y la salida nos dificultan.

Son días complejos, arteros,
sentimos que nos invadió el afuera
intoxicando una paz consolidada
y las piezas ordenadas
cual tablero de ajedrez
 yacen ahora, desperdigadas. 

Pero, a pesar de ese amasijo,
surge una fuerza que no conocíamos
comienza a organizar nuestro caos
y descubrimos una fortaleza
que sin estímulo externo
hubiese permanecido dormida.

Es la vida, tan impetuosa ella,
es pedagógica hasta cuando nos demuele. 

Nada, nada de lo acontecido
pasa sin modificar algo,
cambiamos, con anestesia o sin ella,
es la vida, no hay fórmulas,
continuar es la única salida.

Viviana Laura Castagno Fuentes
                     

LO MUSTIO



Hay tantos árboles enjutos
que de harapos visten,
se han quedado desnudos, 
hasta sus sombras perdieron, 
que eran alivio y amparo.

Hay tristeza acumulada,
hay demasiadas ausencias,
no sólo están desvestidos,
sino también huérfanos,
de sus aves y sus cantos. 

Hay árboles tan desolados, 
que hasta su angustia comparten, 
—el viento es el gran confidente—
cuando entre sus intersticios
de troncos y vacías ramas, ruge.

Todo llega, todo fluye y pasa,
los días para renacer se acercan,
hasta el sol está alumbrando más rato
—como anunciándoles tácitamente—
que pronto estallarán de brotes
sus estoicas desnudeces.

Viviana Laura Castagno Fuentes

martes, 30 de julio de 2019

Y UN DÍA...SUCEDIÓ



Cuentan, que las aguas de un río,
cansadas de fluir sin pausa,
serpenteando entre rocas, 
deslizándose en cascadas, 
decidieron un día,
tener una vida más calma. 

Luego de una reunión pactada,
las aguas, eligieron su destino,
serían un estanque tranquilo,
sin las urgencias que implicaba ser río,
solo paz, calma y quietud necesitaban.

Y así sucedió, el deseo se materializó;
en una depresión del terreno,
se detuvieron, no siguieron al río,
y en estanque se convirtieron,
no serían aguas muertas,
sino aguas quietas de ahora en más. 

Aquel río, perdió en su trayecto,
a unas aguas que soñaban,
con una existencia más meditabunda,
para ser cuna y cobijo de otras vidas. 

Hoy, bellísimos nenúfares navegan, 
y garzas elegantes descansan,
sobre unas aguas mansas
que supieron ser río,
pero que un día eligieron
ser un amoroso estanque.

Viviana Laura Castagno Fuentes

lunes, 29 de julio de 2019

LA CORRUPCIÓN

  

Qué difícil es ser honestos, 
en una sociedad que posee
cada intersticio, cada ámbito, 
infestado por una corrupción
estructural, que todo lo contamina. 

Y estoy refiriéndome 
a prácticas mafiosas 
que datan desde hace décadas,
en mi amada Argentina, 
país donde nací y vivo.

Lo  que es incomprensible,
es que han aceptado las artimañas,
las mentiras, los embustes,
como algo que naturalizaron.

Y ello no reconoce estándares;
es corrupto el de abajo,
el del medio y el de arriba,
no hay distingos de condiciones,
ni sociales, ni económicas,
y tampoco culturales.

El ciudadano ha aceptado,
ha avalado al que se enriqueció
ilícitamente, de la noche a la mañana.

No hay condenas, ni sentencias, 
porque esta enfermedad del alma, 
ha anestesiado a la justicia 
que debería ser más expeditiva
y no lo es -porque pactó con el diablo-

Y allí reside la enorme dificultad, 
para encauzar a un río
que decidió salir de su cauce.

La corrupción es endémica,
es corrupto el ciudadano
que vive en una gran urbe,
pero también lo es aquel
que habita en pueblos pequeños
de nuestro interior profundo.

No habrá salida para esta tragedia, 
mientras miren para otro lado, 
y consideren como normal, 
lo que debería ser considerado execrable.

La corrupción no tendrá cura, 
si el enfermo no desea ser curado, 
y seguirá arraigada, cual raíz a la tierra,
mientras sea una impronta
aferrada en la génesis 
de cada Argentino,
que elija ser inmune a un cambio.

Viviana Laura Castagno Fuentes
                

EL LIBRO DE SU VIAJE



Tiene un libro adosado en su piel,
está allí escrita su travesía casi,
quedó plasmado en sus ojos color miel
y en cada pliegue de sus finas arrugas.

Hay tantas historias en él, 
hablan sin hablar, pero expresan todo
es el itinerario de una vida, 
con montañas escaladas, bravías, 
junto a adorables planicies verdes. 

Pero también exhibe hojas en blanco, 
que han quedado truncas, mudas,
es mejor no preguntar por qué
ella es muy reservada, cauta, 
y evitará con silencios las respuestas. 

A su libro lo fue pergeñando
sin darse cuenta, sin proponérselo, 
es su mayor logro dice, es su hijo, 
con la diferencia sutil que nació con ella
y juntos están recorriendo 
las últimas páginas del viaje.

Viviana Laura Castagno Fuentes

                     

miércoles, 24 de julio de 2019

CAMBIOS DE ÉPOCA



Mientras un cielo plomizo
llora sus lágrimas de agua clara,
un viento tenaz e implacable
a arrebatado los vestigios inermes 
de las trémulas ramas de un sauce.

Y él, quedó desvestido, casi raído, 
hasta aterido parece 
ha bajado sus flacos gajos
hasta la tierra, como acariciándola,
como si en ella buscara un amparo.

Paciencia buen amigo, templanza,
vendrán tiempos halagüeños,
llegará ella y crecerá tu cabellera, 
regresarán las aves que acunas
se está anunciando la dúctil primavera.

Viviana Laura Castagno Fuentes
                 

domingo, 21 de julio de 2019

DEFINITIVAMENTE SOY ALMA



Sesenta y dos años me visten
y un amasijo informe se funde,
con la mujer de este presente
y aquella niña que se niega a irse.

Sesenta y dos abriles,
hoy es ayer todavía,
aún me percibo jugando,
armando collares con flores.

Me amuebla una niñez plena,
me resarce de dolores nuevos
y de aquellos que ya envejecieron.

Sesenta y dos años, ¿quién diría?

Soy un cuaderno de escuela primaria,
justo en el mes de septiembre,
poseo más páginas escritas
y quedan muy pocas por llenarse.

Sesenta y dos años, un libro,
con sus hojas ajadas, por leídas,
y las demás impolutas, intactas,
porque aún esperan ser exploradas.

Sesenta y dos años, es poco,
quedan caminos por ser descubiertos,
el cuerpo grita sus limitaciones
y el alma clama con candor genuino.

Sesenta y dos años,
¿Será cierto?
Una vida larga, según la perspectiva,
parecen muchos, pero son exiguos,
no he alcanzado la comprensión todavía.

Sesenta y dos años, ¡detente tiempo!
porque sigo dirimiendo
en soledad absoluta
si acato a mi alma sin cortapisa
abrazando los imponderables todos.

Sesenta y dos años
¡Quién diría!
Tú vida, tan impredecible
y yo, tan incauta a veces,
la mente intrusa se interpone,
pero gana mi alma y lo hará siempre.

Sesenta y dos años
¿Quién diría?

Viviana Laura Castagno Fuentes