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miércoles, 11 de diciembre de 2019

LA SIESTA

             

Junto al verano, que con bríos ha irrumpido,
anticipándose unos días según el calendario,
también llegan tiempos para la siesta
-esos interregnos tan especiales-
que parecen suspender un rato a la vida.

La siesta, un hábito natural aun en pueblos 
y ciudades del interior, son casi obligatorios,
un paréntesis donde solo el silencio habla,
mientras los soles abrasadores el cielo incendian
y el calor se torna por momentos insoportable.

Cuando niña, la siesta cancelaba todo,
juegos en la vereda, paseos en bicicleta,
había una prohibición 
y los niños debíamos dormir,
porque la sagrada siesta
a los relojes todos detenía.

La siesta, un hábito que continúa 
y un recuerdo que me perturba
porque la detestaba realmente, 
para mí era como convocar
a la muerte por un rato.

Viviana Laura Castagno Fuentes

martes, 10 de diciembre de 2019

ALAS EN EL ALMA

               

Sentía que le incrustaban alas
cada vez que una poesía pergeñaba,
en su universo tan íntimo
por letras habitado 
no cabían mezquindades, ni límites,
tenía al cielo habilitado
y las raíces se esfumaban.

Cuando la magia de la escritura iniciaba
fluía con enorme placidez, 
sus letras eran mariposas
en un vasto y primoroso jardín,
nadie segaba ese refugio
porque ella era su ama.

A sus alas las tenía
adosadas muy dentro
en espacios abisales y secretos
allí donde mora cómodamente
su alma, la dueña absoluta
de su sitio inexpugnable.

Viviana Laura Castagno Fuentes

lunes, 9 de diciembre de 2019

SUS VICISITUDES

 

Bastaba con mirar su rostro
para percibir que sus ojos 
tenían aposentada una catástrofe, 
en la biblioteca de su vida. 

En ellos se derramó el cielo un día,
fue en junio - hace ochenta años- 
eran destellos, eran dos estrellas, 
dos fulgores que encandilaban.

Pero, el derrotero de su viaje, 
fue dejando inevitables huellas,
desazones, soledades, decepciones tantas;
que a su plácida mirada la luz le arrebataron.

Hoy, vive en un presente vacilante,
la cercanía de la muerte es inevitable,
las tribulaciones se tornaron impiadosas,
y todo está allí, en esos maravillosos ojos,
donde el cielo un día, eligió quedarse.

Viviana Laura Castagno Fuentes

domingo, 8 de diciembre de 2019

SÍ, HAY QUE CUIDARLAS



Hay que cuidar a las palabras,
ellas nuestro mundo interior testimonian
—aunque a veces no lo percibamos—
reflejan con enorme precisión 
nuestra naturaleza humana.


Una palabra amorosa resarce
a quienes la vida los ha olvidado,
—y hasta puede ser la analgesia— 
cuando expresada en el momento justo
logra suturar heridas recién infligidas.


Cuidar a las palabras es un reto,
ellas pueden ser un estoque
—cuando sin sutilezas nos expresamos—
o poseer la habilidad manifiesta
para restañar las aflicciones
y acariciar, cuando arrecian vendavales.

Viviana Laura Castagno Fuentes

SUS LÁGRIMAS

            

Amo la ductilidad que posee la natura,
es sobria, aún manifestando sus tragedias.

Cuando sus pesadumbres libera,
llora mutando en cataratas de aguas,
para que imaginemos, que es una ofrenda más,
de las tantas a las que nos acostumbramos.

Pero si muy dentro de ella escudriñamos,
intuiremos sus dolores que son muchos,
eligió disfrazarlos de maravillosos dones
porque aun sufriendo, nos está enseñando.

Cada fenómeno natural que incluye al agua,
son lágrimas de la natura, mimetizadas;
un río, el mar, las cascadas, son sus pesares,
devenidos en extraordinarios 
espectáculos terrenales.

Viviana Laura Castagno Fuentes

GRACIAS A LAS LETRAS

                           


Muchas veces me pregunto: ¿Por qué escribo?
Y la respuesta no tarda en llegar,
escribo porque es un placer primero y una ingente necesidad luego.

Ya lo he expresado otras veces, amo el idioma castellano, estoy subyugada por su enorme riqueza, su ductilidad y percibo que las vocales y consonantes recorren con gran libertad cada intersticio mío.

En mi mente se gesta la magia, es allí donde comienzan las letras a inquietarse y después exigen la libertad merecida, que se disfraza de cuentos unas veces, de poesías y relatos muchas otras.

Escribir —placer y necesidad imperiosa— se funden inevitablemente, no hay manera de hallar el sitio exacto para descubrir el momento puntual de esa simbiosis.

Cuando en mi alma hay desasosiegos y no hay espacio donde asirse, ella invita con gritos silenciosos a las letras y les solicita que la liberen de la prisión en la que habita.

Bienvenidas sean estas asistentes de emergencias —las letras— se dan cita en la mente, ponen en acción sus protocolos con carácter de urgencia y me salvan la vida todo el tiempo.

Agradezco este don o esta tenue habilidad para estas cuestiones de la escritura, posibilitan que amanezca cada día y mute mis desazones en renovados bríos para volver a enamorarme de la vida.


Viviana Laura Castagno Fuentes. 


SANACIÓN

                                    
Escribir es un grito donde cohabitan el profundo silencio y la absoluta soledad.

Siento que puedo trocar un jardín mustio, con ropaje raído que despojó el invierno, en una primavera prolífica y grácil.

Puedo correr el telón de nubes amenazantes para descubrir un cielo azul profundo y desperezar a la luz de un sol balbuceante.

Es desatar los nudos que atosigan al alma, para liberarla utilizando tan solo palabras sueltas, amalgamadas en frases y también solitarias muchas veces.

Escribir es reinventarme a diario, instalar la paz, la calma,  justo allí donde yacen las tribulaciones.

Es pintar colores en los grises, secar lágrimas y pergeñar sonrisas en espacios donde el llanto dejó marcadas sus tozudas huellas.

Es sentir que puedo cautivar los sentimientos y acariciar sensibles almas aunque solo sea por un fugaz instante.

Escribir es ponerle alas al pensamiento, emanciparlo y ayudarlo a emprender el vuelo hacia ignotos universos.

Es definitivamente proponer belleza donde el mundo impone lo prosaico,  porque olvidó que para construir nuestra alma a esta vida hemos llegado.


Viviana Laura Castagno Fuentes