Estoy aprendiendo, porque las enseñanzas continúan, no acabaron todavía.
Tu ausencia habilitó un cráter dentro de mí, fue como si un meteorito hubiese impactado inopinadamente destruyendo todo mi universo y esparciendo el caos.
Estuve librando batallas en varios frentes, conmigo primero, tratando de lograr una adaptación rápida que al dolor grilletes le pusiera para que no atizara tanto.
Ignorancia supina la mía, jamás hay que ignorar el mensaje implícito, al contrario —necesita nuestra atención —, somos anfitriones de un invitado que demandará lo que sea para ser aceptado.
Y no intentemos evadirlo, es un gran habilidoso, podremos dar mil vueltas al planeta para disuadirlo —pero viajará con nosotros—, se acomodó en el alma.
Después azuza la opinión ajena —tal vez con buenas intenciones—, para convencernos de que la muerte es natural y que todos vamos a morir un día o ¿es un intento sutil de disuasión?
Es cierto, es lo más natural que existe, no existe nada más. Pero también lo es, que todos tenemos derecho a gestionar nuestro duelo —con nuestros matices—.
No existe un programa especial para dolientes, cada quién vivirá su trance como puede e irá adaptándose conforme transcurran los días, meses y años, lo que amerite.
Por eso —jamás pisen el ámbito donde el dolor anida—, porque solamente reclama respeto. Un ser que amábamos nos dijo adiós y para ese sentimiento queridos míos —no existen recetas mágicas—.
Viviana Laura Castagno Fuentes