Le decían "el jardinero"
—pero era un escultor con tijeras—
un puntilloso diseñador
y al jardín lo convertía
—pero era un escultor con tijeras—
un puntilloso diseñador
y al jardín lo convertía
en una magna obra de arte.
Podaba con precisión milimétrica,
cada gajo, cada intersticio,
—era un cirujano entre las plantas—
y cada intervención suya
cada gajo, cada intersticio,
—era un cirujano entre las plantas—
y cada intervención suya
una mejoría generaba.
El jardín llevaba su impronta,
—había otros ímpetus, otros influjos—
y lo lograba el coreógrafo, el artífice,
El jardín llevaba su impronta,
—había otros ímpetus, otros influjos—
y lo lograba el coreógrafo, el artífice,
por tanta belleza producida.
Pero, lo excelso tornó mustio,
las ramas hacia el suelo se encorvaron,
las reinas vestidas de gala fenecían
a sus gajos lánguidos aferradas.
La vida, la que decide cuándo y cómo,
necesitaba a un escultor en otros lares,
a sus gajos lánguidos aferradas.
La vida, la que decide cuándo y cómo,
necesitaba a un escultor en otros lares,
—el elegido fue nuestro dilecto artista—
y hoy, los jardines todos
y hoy, los jardines todos
a su belleza silenciaron.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Viviana Laura Castagno Fuentes
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