Es tan simple ser sencillos,
pero nos empecinamos
en desbaratar todo, somos expertos.
Somos hábiles en acumular cosas
—aunque muchas no necesitemos—
y en algún desván terminan arrumbadas
donde la humedad y el olvido son amos.
Pensamos demasiado en la opinión ajena,
—es un desperdicio, es malgastar energías—
porque al fin y al cabo no debería importarnos
quién a otros prejuzga, habla mal de sí mismo.
Observemos a la natura
ella exuda por doquier sabiduría
—no pide permiso, no avisa cuándo—
y tampoco detiene por nadie su ritmo.
Debemos fluir, aligerar cargas absurdas,
—dialogar a solas con nuestra alma—
jamás olvidar al niño que llevamos dentro
—nuestro maestro— cuando fracasa el adulto.
Viviana Laura Castagno Fuentes
pero nos empecinamos
en desbaratar todo, somos expertos.
Somos hábiles en acumular cosas
—aunque muchas no necesitemos—
y en algún desván terminan arrumbadas
donde la humedad y el olvido son amos.
Pensamos demasiado en la opinión ajena,
—es un desperdicio, es malgastar energías—
porque al fin y al cabo no debería importarnos
quién a otros prejuzga, habla mal de sí mismo.
Observemos a la natura
ella exuda por doquier sabiduría
—no pide permiso, no avisa cuándo—
y tampoco detiene por nadie su ritmo.
Debemos fluir, aligerar cargas absurdas,
—dialogar a solas con nuestra alma—
jamás olvidar al niño que llevamos dentro
—nuestro maestro— cuando fracasa el adulto.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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