Este extraño otoño
—llegó tarde, está adormilado—
aun así, secuestró a mis flores
y apagó las luces de mis jardines
que no son míos, son ajenos,
pero los disfruto tanto, tanto.
Son jardines que despiertan
—hasta al alma más abstraída—
y la sobrecogen con su belleza,
aunque ahora hasta ella
se ha entregado
sin resistencia alguna
a un tardío otoño que la eclipsa.
Amigo eres terco y persistente,
—no debiste asolar con tu viento—
sobre mis bellos colores,
los esparciste hacia otros lares
y aquí me tienes ansiando
que regresen otra vez
la primavera o el verano.
Dicen que posees otros dones
—que eres un pintor de ocres y dorados—
un estilista personal y único
pero para mí —eres un ladrón—
un sutil usurpador
de las magnificencias que amo.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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