Deberíamos acudir
—sin remilgos, ni prejuicios—
a nuestro niño interior
cada vez que la vida
reclame en silencio
—que lo necesita—
porque el adulto
es un desbaratador consuetudinario.
Solamente debemos
dejar que fluyan
—la ternura y la pureza—
que habitan dentro,
juntas son una fuerza
férrea e indestructible,
poseen una versatilidad única
que hasta el clima modifican.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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