Era lacónica,
tenía la convicción
de que la verborragia
su plenitud atribulaba.
Medraba en los silencios,
era el universo atinado
donde su ansiada paz
gozaba de privilegios.
Ese laconismo trajo consigo
a una soledad inesperada
a la que abrazó sin reticencias,
su libertad no era negociable.
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