¡Mamá, mamá!
Y me quedo esperando:
¿Qué hija adorada?
Pero el silencio se impone,
es la única respuesta
que se quedó empotrada
en las paredes, en las obras
que tejió durante años
y hoy adornan un sillón
una mesa y un sofá
y resume con contundencia
un duelo que hasta hoy
es un fracaso estrepitoso.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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