Espantaba
con una escoba
a los fantasmas
que dormían debajo
de la cama.
Suturaba con un beso
las heridas que causaban
las caídas del triciclo
y guardaba en su pañuelo
las lágrimas derramadas
mientras sonreía.
Y retaba al cielo
cuando se oscurecía,
para desestimar el temor
que los relámpagos y truenos
generaban.
Traía a la primavera
hasta mi almohada,
llegaba con flores de glicina
y allí las dejaba
para perfumar los miedos
que ya no asediaban.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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