El alma diáfana no está cómoda
cuando con gran desdén
y cobardía la atosigamos,
somos ignaros reincidentes
en cometer los mismos yerros.
Nosotros insistiendo siempre
en soterrar e inhibirla
y ella en paz explorando
para gritar lo que siente
en un mundo que la ignora.
Y cuando fracasa en su intento
porque la ignominia ha ganado,
urde sutiles estratagemas
y nos habla a través del arte
el orbe que le permite "ser ella" .