Entre tus otoños
y mis primaveras
hubo una complicidad siempre.
Reciclabas la hojarasca
y mientras la acumulabas
en un tris una escultura aparecía.
Soplabas al viento
para disuadirlo un rato,
en una tarea harto imposible.
Y mientras, fui advirtiendo
que tus pasos —antes ágiles—
en prudencia se convirtieron.
Entre tus otoños
y mis primaveras
vivieron risas que hoy... se han ido.
Viviana Laura Castagno Fuentes