—Eres intensa niña—, fue el escueto mensaje de una escritora debajo de uno de los poemas que publiqué en una red literaria.
Me gustó su sencillez tan asertiva, y también me llamó a la reflexión porque: ¿no debería ser imprescindible la intensidad para la poesía?
O expresado de otra manera: ¿Existe la poesía sin intensidad?
Después de muchos años en este universo tan único de la escritura— tan personal e intransferible—, tengo una posición tomada al respecto o una percepción en realidad: "no podría garabatear ni un verso sin la anuencia de la intensidad, es indivisible para mí".
Es decir, hasta considero a la poesía como un género que se escinde del resto, es otro, diferente, convoca a las letras con demandas peculiares y expresa con contundencia las viscisitudes del alma —aferrada a la pasión y la verdad—, sin la anuencia de ellas sencillamente la poesía no existiría, no sería.
Tampoco avalo y hasta me desagrada que desmenucen tanto a la poesía y la conviertan en una candidata predilecta para "realizar una autopsia", no hay que someterla a un análisis exhaustivo siquiera, existe una profanación permanente que la desvirtúa.
Y en esta instancia me tomaré el atrevimiento de citar textualmente una respuesta exquisita del maestro "Rabindranath Tagore" luego de que disertara una de las suyas:
—No entendí, responde un oyente luego de la disertación.
—No hay nada para entender, solo es poesía, responde " Rabindranath Tagore".
—Y el hombre insistía "pero no entendí".
Entonces el autor le contesta —con la intención de terminar con la imprudente interrogación del hombre—:
—"EL perfume es la forma que asume la alegría universal de la flor" (sic).
¿Hay poesía sin intensidad, sin pasión y sin verdad?
¿Existe una mar sin el ímpetu de las olas que en la playa se deshacen mientras a la arena subyugan?
Viviana Laura Castagno Fuentes