Descansa la espera,
entre las hojas trémulas
de un sauce acuciado
por las vulnerabilidades
de una vejez inevitable.
Y es muy consciente
de que se acotaron
los amaneceres
porque entre el follaje
está mimetizado
un crepúsculo que aguarda.
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Descansa la espera,
entre las hojas trémulas
de un sauce acuciado
por las vulnerabilidades
de una vejez inevitable.
Y es muy consciente
de que se acotaron
los amaneceres
porque entre el follaje
está mimetizado
un crepúsculo que aguarda.
Las personas no son como imaginabas, no creas más que sienten y piensan como tú lo hacías.
Y por supuesto que hacían daño ex profeso, aunque siempre pensabas que era porque "algo les sucedía", en tu universo —colmado de amor e ingenuidad— no había espacio para la malicia, ni un resquicio.
Y era un deleite observar tu capacidad para dar vuelta la página siempre y olvidar, insisto: no podías creer que hubiese personas que se empecinaran en "gastar energías en la maldad" , no cabía en tu orbe de niña.
Por eso, nada sucedió en vano, esa inocencia que tenías "garantizó la infancia plena que disfrutaste", que tuvo su derrame con creces en las otras etapas de tu vida.
¿Y sabes quiénes fueron los garantes de tu mente curiosa y sana?: Tus adorados padres mi niña, ellos fueron tu faro en el viaje, absorbiste sus enseñanzas y aprendiste de sus conductas.
Por todo ello, aunque tu presente te sorprenda con vacilaciones estériles, tristezas que a tu alma estrujan y te sientas vulnerable muchas veces —dialoga siempre con tu niña interior, no la sofoques—, será la garante de una plenitud que está llegando despacito y silenciosa.
¿Te acuerdas cuánto esperabas a la primavera?, bueno, son etapas para la espera y la serenidad, no es fácil y lo comprendo.
Pero cuando huelas el "fragante perfume de las glicinas" sabrás entonces que tu niña está viva, atenta y será tu guía incondicional, por eso te sugiero:
—Continúa junto a ella y sus esplendores, jamás la enmudezcas—.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Así, de a poco, como si el aprendizaje no hubiese acabado todavía, intento proseguir viviendo.
Nada es fácil —¿quién aseveró lo contrario?—, se entorpece el camino, regresan los óbices y me expulsan de la travesía.
Y vuelvo al comienzo o al menos así lo percibo, aunque en realidad un poco he avanzado y está doliendo menos todo, pero sería un dislate —cantar victoria—.
Reconozco mi capacidad para permitir que el dolor —haga su tarea—, me propuse no exigir nada, no apresurar las etapas y dejar que lo demás fluyese, aun cuando deseaba detener al tiempo arrancando de cuajo las agujas del reloj.
El adiós a un ser amado es un hecho inevitable, una certeza y natural —pero no estaba preparada y arrasó conmigo y mi universo—.
Me pregunto ¿Alguien está preparado para decir adiós, máxime cuando hay que despedir a una madre extraordinaria? ¿Hay alguien realmente que pueda ignorar la conmoción que genera?
Hoy, el amor inconmensurable que cultivó en mí —es la terapia más acertada, la que me centra y estabiliza—, aunque los derrumbes sean sorpresivos, se reiteren y me paralicen.
Saldré, miraré el cielo como cuando lo escudriñábamos juntas, porque estoy suturando ¿o zurciendo nada más? la más grande de mis heridas con las letras de los poemas muchas veces bañados en lágrimas —que escurro en silencio— antes de publicarlos.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Detrás de los follajes
con brillantes verdores
hay un lienzo azul intenso
sobre el que —tal vez—
están recostando su hastío,
interrumpido de a ratos
por una brisa tenue
que discretamente
los está acariciando.
Dones maravillosos
de la naturaleza,
una maestra dilecta
que nos enseña siempre
—sin regodeos—,
nada exhibe ni presume
comunica con solvencia
el milagro de la vida.
Viviana Laura Castagno Fuentes
—Eres intensa niña—, fue el escueto mensaje de una escritora debajo de uno de los poemas que publiqué en una red literaria.
Me gustó su sencillez tan asertiva, y también me llamó a la reflexión porque: ¿no debería ser imprescindible la intensidad para la poesía?
O expresado de otra manera: ¿Existe la poesía sin intensidad?
Después de muchos años en este universo tan único de la escritura— tan personal e intransferible—, tengo una posición tomada al respecto o una percepción en realidad: "no podría garabatear ni un verso sin la anuencia de la intensidad, es indivisible para mí".
Es decir, hasta considero a la poesía como un género que se escinde del resto, es otro, diferente, convoca a las letras con demandas peculiares y expresa con contundencia las viscisitudes del alma —aferrada a la pasión y la verdad—, sin la anuencia de ellas sencillamente la poesía no existiría, no sería.
Tampoco avalo y hasta me desagrada que desmenucen tanto a la poesía y la conviertan en una candidata predilecta para "realizar una autopsia", no hay que someterla a un análisis exhaustivo siquiera, existe una profanación permanente que la desvirtúa.
Y en esta instancia me tomaré el atrevimiento de citar textualmente una respuesta exquisita del maestro "Rabindranath Tagore" luego de que disertara una de las suyas:
—No entendí, responde un oyente luego de la disertación.
—No hay nada para entender, solo es poesía, responde " Rabindranath Tagore".
—Y el hombre insistía "pero no entendí".
Entonces el autor le contesta —con la intención de terminar con la imprudente interrogación del hombre—:
—"EL perfume es la forma que asume la alegría universal de la flor" (sic).
¿Hay poesía sin intensidad, sin pasión y sin verdad?
¿Existe una mar sin el ímpetu de las olas que en la playa se deshacen mientras a la arena subyugan?
Esa madrugada
desorganizó todo
no quedó nada exento
hasta retrasó al alba
y eternizó a la noche.
Hoy, nada es igual
perdió la vida su lustre,
se me dificulta
encontrar la justificación
para seguir de este lado
estoy sin estar muchas veces
deseando que el viaje acabe.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Extraño
que el mar
no haya llegado a tiempo
para perpetuar tus pisadas
y se haya retirado
huérfano de ellas.
Aunque imagino
que quizá están
en la arena todavía
y se han petrificado,
como se petrificó
el llanto...
decidió pasar inadvertido
porque las explicaciones
solamente lo agobiaron.
Viviana Laura Castagno Fuentes