En el otrora vergel
sintetizaba sus dones,
cultivó una enredadera
que caía con prolijidad
hasta la ávida tierra
que la esperaba.
Era tan púdica
que prefería callar
una ofensa ex profeso
porque no deseaba herir
a quién profirió el daño.
Tenía habilidades tantas,
nada dejaba librado al azar
sus errores involuntarios
suponían noches de insomnio
para desatar un tejido
y resarcir la equivocación.
Ella era "mi madre"
—una mujer extraordinaria—
la extraño cada segundo
y no podría ser diferente
porque la vida era especial
tan solo con mirarla.
Viviana Laura Castagno Fuentes