Mirar hacia dentro
implica muchas veces
arriesgarse a nadar
en la mar que allí aguarda
—salir airosos y fortalecidos—
o claudicar por evasivos
y convertirse en naufragio.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Mirar hacia dentro
implica muchas veces
arriesgarse a nadar
en la mar que allí aguarda
—salir airosos y fortalecidos—
o claudicar por evasivos
y convertirse en naufragio.
Viviana Laura Castagno Fuentes
A quienes aman leer les sugiero este libro del autor "Hermann Hesse".
Es un resumen de las vacilaciones existenciales del autor y sus experiencias con diferentes religiones, su resistencia a la religión impuesta en su hogar por sus padres y el descubrimiento de la versatilidad del "hinduhismo" por la ausencia de "dogmas".
Después llega el nudo gordiano del libro: Cuando el autor explora "las profundidades del alma" y la exhaustiva comprensión que sobre ella realiza con gran solvencia.
Una riqueza ingente en un "Pequeño Gran Libro".
Viviana Laura Castagno Fuentes
Desearía un atardecer a tu lado, degustando un fragante té y dialogar de lo que emane naturalmente como lo hacíamos.
Siempre estaba presente el recuerdo de tu madre —mi abuela—, y surgían anécdotas desconocidas por mí que la conversación enriquecían.
Recuerdo una en especial, cuando la abuela era maestra en el grado a su cargo desapareció una cartuchera con lápices de colores.
El niño afectado había llegado sollozando hasta su escritorio y comentó el episodio, descubrió cuando regresaba de un recreo —que no estaban sobre su pupitre—.
Mi abuela, pidió silencio a los alumnos y les dijo con firmeza: —Entregaré a cada uno de ustedes una rama y mañana todos deberán dejar la misma sobre su pupitre y pasaré a observarlas y si la misma creció un poquito, entonces estaré ante el autor del hecho.
La clase terminó, el alumnado regresó a su hogar y mi abuela emprendió también el regreso al suyo, allí la esperaban sus ocho hijos y estaba ansiosa por verlos.
Contó a su familia lo sucedido y todos coincidieron en que era una estrategia que algunos habían presenciado y que seguramente resolvería el desencuentro entre dos compañeros.
Llegó la hora de ir a la escuela, mi abuela deseaba terminar cuanto antes con ese incidente, pero a su vez dejar un mensaje para el autor y los demás compañeros de aula.
Comenzó a recorrer las filas de niños mientras observaba la ramita que cada uno exhibía, todo estaba dentro de lo pergeñado.
Cuando llegó donde un niño mostraba la rama, mi abuela se detuvo y le dijo casi al oído —lo que has hecho está mal, nunca más reiteres lo mismo—.
Devolveré lo que has retenido a tu compañero y quedará esto entre nosotros.
El alumno asintió avergonzado y entregó los lápices, pero mi abuela jamás dijo a los demás alumnos quién había sido.
¿Cómo supo mi abuela?
Un viejo truco que se acostumbraba aplicar, les dijo a cada uno de sus alumnos que esa ramita que les entregaría —crecería un poquito en manos del autor o responsable—.
El niño que se apropió de la cartuchera —cortó un poquito la ramita— y se delató ingenuamente.
Mi abuela no lo expuso, era un niño que vivía en pobreza extrema y deseaba tener sus lápices de colores.
Aprendió la lección y mi abuela nunca dijo quién había sido, ni siquiera a sus hijos que preguntaron con insistencia.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Esa necesidad creciente,
una búsqueda incesante
por ese resquicio de soledad
que se vuelve un hábito;
donde la rutina tiene prioridad
porque inaugura nuevos espacios
para que la poesía cruce límites
y a la imaginación soliviante.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Comprender definitivamente
que es otra la vida sin ella,
como si el mundo estuviese
huérfano de sus valores
disolviéndose en sus angurrias
ilimitadas e inexplicables.
Se acabó el diálogo, no existe,
está menoscabada la palabra
la falta de tiempo es la excusa
más tendenciosa y remanida
y la naturalización generalizada
socava a una humanidad endeble.
Viviana Laura Castagno Fuentes
A sabiendas de que quedarse
implicaba la reiteración
y la monotonía diarias
eligió seguir viviendo allí,
quizá hubo un acto heroico
un sesgo de osada valentía
un desafío a su tolerancia
o un sutil suicidio camuflado.
Caminar los silencios
que las sombras diseñan,
detenerse a escuchar
el diálogo entre los árboles
que los soliviantados loros
interrumpen sin pudores,
para comprender al fin
que en cada uno de ellos
vive un alma encapsulada.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Replegarse un tiempo
para explorar el adentro
cuando el afuera irrumpe,
y preparar el jardín
para la estación que llega,
sembrar gardenias y fucsias
que despertarán a la vida
en la próxima primavera.
Hay furtivas incursiones
portadoras sin saberlo
de más dudas que certezas.
Siembran lo yermo
en la fértil pradera,
se parecen al mar
con su misterio eviterno
cuando a la playa inunda
¿Es porque allí empieza
o acaba desfalleciendo?