No somos dueños
de la vida,
ni de la propia,
menos de la ajena.
ni de la propia,
menos de la ajena.
Pero existen muchos
que equivocados viajan
y creen que poseen
potestades atribuidas.
No somos dueños —de nada—
ni de nuestro cuerpo,
menos aun si este acuna
una vida que por nonata
es tan vulnerable y desvalida.
La vida es un regalo
una oportunidad única,
el cuerpo es su refugio
y nuestra responsabilidad
debería ser sin excepción —el amoroso cuidado—.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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