Hay circunstancias trascendentes
que nos provocan un gran dolor
pero también nos despiertan.
Y cuando despertamos
una montaña de escombros
nos cubre —comienza el aprendizaje—.
Que será a nuestra medida
sin precipitar un ápice
y aunque respetar el proceso
implique —dejar al mundo afuera—.
Y quitamos los óbices, lo obvio,
somos hojas vulnerables
expuestas al vaivén del viento.
Y reverberan los sentimientos
están desperdigados, confundidos,
como un navío en pos del puerto.
Y vendrán vendavales una etapa,
pero también épocas calmas
para esforzar nuestros límites.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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