Despido a un año que estuvo asediado por complejidades, pero aun así agradezco el solo hecho de —estar viva—.
Estoy mirando cómo se aleja, lleva la espalda encorvada y camina lento, como si de algo se hubiese olvidado.
Tal vez, no pudo con la humanidad, trajo sus alforjas henchidas de paz y ganó la guerra de nuevo.
Y se percibe —un fracasado—, aunque fueron las decisiones de los poderosos las que se inmiscuyeron y coartaron todos los intentos para detener las conflagraciones.
Hoy daré la bienvenida a otro que seguramente traerá las mismas intenciones.
Deseo que está vez la paz se instale en cada alma, si no está allí alojada —no habrá cambio alguno—, es un germen que nace y se esparce desde adentro, no se invoca con acuerdos ni con hipócritas reuniones entre líderes mesiánicos.
Adiós año viejo, no has fracasado —es la humanidad la que duerme todavía—, ojalá tu sucesor logre despabilarla de una indolencia que la entumece.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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