La tan remanida y/o autoexigida "felicidad" tal vez no existe y se limite a ser un hermoso sustantivo en nuestro riquísimo y vasto idioma castellano.
Quizá si nos olvidamos un rato de ella (la felicidad), descubramos que aligeramos muchísimo nuestro equipaje y viajemos más distendidos.
Quizá hasta podamos disfrutar más del paisaje al que antes no veíamos, porque nos empecinábamos demasiado en "ser felices" y terminábamos siendo "infelices y testarudos".
Quizá sentir "paz interior" sea suficiente y nos conduzca a saborear esas pequeñas situaciones de cada día, hasta de lo ínfimo (en apariencia).
Degustar un cafecito a la mañana ¿acaso no es un momento inolvidable?; realizar las tareas rutinarias también trae una sensación parecida a la plenitud, el orden no es solamente externo para mí, también coadyuva a organizar y limpiar mis jirones también, esos que se acomodan muy dentro y estorban para continuar.
Definitivamente "no soy feliz, felicidad" y lo siento por los eternos "gurúes" que nos apabullan con sus recetas magistrales para alcanzar lo inalcanzable, y nos perdemos de las pequeñas grandes ocasiones que nos resarcen y estabilizan.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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