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jueves, 24 de octubre de 2019

SOBRE LÁGRIMAS ...

 

Las lágrimas, nos desnudan,
nos exhiben humanos,
humedecen nuestra piel
justo cuando se resquebraja.

No crean, llorar no nos debilita,
—nos infunde de una fortaleza—
hasta entonces desconocida
porque aun desnudos, nos atavía.

Las lágrimas son el cauce
que ha descubierto el alma,
cuando sus desazones insoportables
por ríos lacrimógenos se escurren.

Quién sabe liberarlas sin prejuicios,
es quién desata nudos gordianos
y los ríos de lágrimas emancipadas
fluyen hacia su destino inevitable
para que en mares se conviertan.

Viviana Laura Castagno Fuentes 


miércoles, 23 de octubre de 2019

LA HUIDA

                       

Nostalgias -dijo ella- son las nostalgias,
quiero partir muy lejos, hacia otros universos,
allí tal vez ellas no logren alcanzarme
y podré reencontrar la paz que ansío.

Nostalgias, esos anhelos de lo pasado,
esa estocada artera que a la sonrisa ha petrificado
esos sentimientos que se arraigaron muy dentro,
y la insistencia en desear escapar muy lejos
como si las distancias fueran el antídoto perfecto.

Nostalgias, pensamientos renuentes y obstinados,
no desea que el pasado vuelva
-o en realidad sí desearía-
ella está huyendo del dolor que al alma ha encadenado
y en esa prisión, la morriña es su carcelera.

Y tal vez, partir hacia otros lares,
sea la cura, la terapia,
aunque, allí hacia donde pergeñó su viaje
irá también un tozudo que no sacó boleto
al que solo el tiempo -ese hábil cirujano-
logrará con suturas de horas transcurridas
cicatrizarlo, porque aun lejano, sangra todavía.

Viviana Laura Castagno Fuentes

martes, 22 de octubre de 2019

DAMA ELLA

          

Es una dama con distingo,
posee una belleza indiscutible,
es elegante cuando ríe, cuando festeja,
y es excelsa aun cuando está plañendo.

Pero tuvo épocas difíciles,
era una prostituida, casi una dama fácil,
tuvo tratamiento con displicencia tácita,
y a veces era explícita
pues no andaban con ambages.

Soy su defensora, su amistad cultivo,
la amo sin medida, sin permisos sociales,
ella es una amante perfecta, no existe otra,
gracias a la poesía, delicado sorbo literario.

Viviana Laura Castagno Fuentes

lunes, 21 de octubre de 2019

ACORDEMOS...OLVIDARNOS

                 

A veces, me convenzo —que ganó el olvido—
y siento como un éxito de la mente 
junto al alma, como si ambas acordaron
que olvidarte era lo mejor para ambas.

Pero, comienzo a pergeñar mis versos
y como por arte de magia, te apareces de nuevo.
Tu recuerdo está impoluto, mentira —no hubo, ni habrá olvido—.

La mente y el alma fracasaron estrepitosamente
en un acuerdo sin anuencias mías, que pareció un éxito y acabó siendo un fracaso, una artimaña sin argumentos.

Con la primera palabra —apareció tu imagen— 
y los versos se convirtieron en estalactitas,
se detuvo la magia de la escritura, huyó la inspiración y el caos se apoderó de mí, el olvido no ganó nada.

No logré eclipsarte, era una ilusión solamente,
estás en mí como el primer día, eres un arrebato,
que capturó a mi alma y la embelesó al instante;
ahora no decido si cedo a mis sentimientos
o intento olvidarte, para que mis versos se liberen,
y dejen de ser estalactitas — que paralizan a mi poesía—.

Decide: ¿Qué harás, te marchas o te quedas?

No secuestres a mis versos, los estorbas, cada vez que apareces 
sin mi consentimiento.

Acordemos por favor, hagamos las paces, seamos recuerdos gratos —pero recuerdos—, así podré continuar con mis letras 
sin eclipses, ni estalactitas que las entumezcan. 

domingo, 20 de octubre de 2019

LA CUNA



El barco está quieto, desvencijado,
sobre un médano que es su casa, su refugio,
los años han hecho mella, estragos casi,
sobre su frágil cuerpo de madera,
que guarda en su frondosa memoria 
recuerdos sobre épocas memorables.

Son las vicisitudes de la vida amigo,
supiste ser un gran aliado, un cómplice,
durante décadas, a la mar desafiaste,
con la hidalguía que solo los grandes tienen.

Tu presente está por pasados inundado,
tu madera de pino otrora resistente,
ha cedido a las inclemencias de la intemperie;
soles abrasadores, sales y desamparos inexplicables
te convirtieron en la amorosa cuna de dos gaviotas 
que como su regazo amparador te han elegido.

La vida es así amigo, la juventud tiene otros dones,
el tiempo genera cambios, que son constantes,
cuando eras rozagante a la mar te empujaban,
hoy, con una vejez precipitada, hasta evitable,
eres el cobijo de dos aves, que otros vigores te insuflaron.

Viviana Laura Castagno Fuentes

viernes, 18 de octubre de 2019

EL DESTIERRO

     
Desearía tener la habilidad,
esa que ostentan los jardineros,
poseer unas manos prodigiosas
para poder arrancar de cuajo 
los dolores viejos y los nuevos,
que con suma habilidad sus raíces
en mis entrañas han arraigado.

Podría quitar los anquilosados
y sembrar un sendero con gardenias,
níveos jazmines y camelias matizadas;
hacer una fiesta con colores, aromas,
e invitar a los intrusos desbaratadores
para que partan y no vuelvan.

Definitivamente, ser una jardinera
sería la mejor de las terapias,
allí donde la desazón brote
plantaré las mejores especies
y por un camino de abedules
las invitaré a partir muy lejos
mientras sello las entradas 
con bellísimas amapolas rojas
para que jamás, jamás regresen.

Viviana Laura Castagno Fuentes

SU CIELO LLORABA



Un cielo plomizo y ominoso,
no se explicaba
con argumentos científicos,
para una niña pequeña,
había otra realidad:
su amado cielo estaba triste,
por eso sus ojos estaban cerrados.

Cuando la lluvia comenzaba,
no eran nubes condensadas
que caían,
eran las lágrimas 
de su cielo entristecido,
porque los hombres 
algo malo le habían hecho.

Ella no comprendía la meteorología,
sus nubes con llanto acumulado,
debían menguar tanta desolación, 
llorando, mientras abajo todo se inundaba.

¿Cómo explicar a una niña
 lo que era la lluvia,
si estaba convencida que mucho dolor 
era la razón que la provocaba,
y no lo que la ciencia argumentaba?

Era así, su cielo tan amado,
estaba angustiado,
porque le habían hecho
un gran daño
los hombres que sobre ello saben tanto,
y ella sabía, que llorando con lágrimas intensas,
la cura de su agobio, había comenzado.

Viviana Laura Castagno Fuentes