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miércoles, 27 de febrero de 2019

ÉXODOS PERPETUOS


Y uno se está yendo
todo el tiempo,
de lugares donde el alma
no está cómoda
y la plenitud está inhibida.

Y está bien hacerlo,
todos elegimos la paz
y donde no está garantizada, 
hay que desplegar las alas
y levantar el vuelo.

Habrá otros cielos esperando, 
con otros soles, otras lunas,
será distinto, no será el mismo, 
pero si estamos a gusto
allí radica el éxito.

Porque el éxito, 
no se mide con medallas, 
—anida en un huequito del alma—
y nos manifiesta siempre
cuando siente la tempestad
o la placidez de la calma.

El éxito en la vida
es la paz anhelada, 
es la mente y el alma 
—viviendo cohesionadas ambas— 
fluyendo hacia sus éxodos
las veces que sea necesario. 

Viviana Laura Castagno Fuentes
                                    

martes, 26 de febrero de 2019

DESCONFIANZA


Mi confianza en la raza humana
—languidece día a día—.

¿Y por qué debería ser diferente?
Desde que nací, hay guerras cruentas,
injusticias tantas, inequidades, mentiras, 
y la deshumanización crece sin límites. 

Cada quién cuida su espacio, 
la solidaridad se minimiza
se imponen el poder, la avaricia, 
por encima de los verdaderos valores. 

No sirven para nada los organismos
por diferentes países integrados, 
porque a la hora de la verdad
cesan las palabras, para dar paso
a las atroces voces de las metrallas.

Lo lamentable es que siempre triunfa 
la malicia por encima de la nobleza, 
se acumula el poderío en pocas manos
somos rehenes de planes perversos
y de mesiánicos que se creen elegidos.

Viviana Laura Castagno Fuentes 


                     

NO ERA AQUÍ



Tal vez, era en otro mundo,
en otros tiempos,
debió ser en el pasado
o en el futuro. 

Tal vez, debimos ser otras,
diferentes e indiferentes
—hubiese dolido menos todo—
decir adiós, sabría a un hasta luego.

Es tan difícil hallar la palabra exacta,
cuando es el alma la que se expresa
insisto, debimos ser gélidas,
al menos hoy estaríamos vivas.

Nos mató la ceguera, la ilusión,
la confianza, la certeza, la vida.
Supimos considerar lo inevitable,
pero lo inevitable, abruptamente, 
arrasó sin consideración con todo.

Viviana Laura Castagno Fuentes
          

AMAS DEL JARDÍN


El sol enceguece e ilumina
a una mata de margaritas
que de tan blancas e impolutas
—bañadas de nieve parecen—
aunque un calor irreverente
en marchitarlas intente.

Ellas están medrando
en un jardín —su casa natural—
no aguardan ser mutiladas
para ser convertidas en esclavas
de un jarrón mudo e impersonal.

Ellas buscan preservarse
y su cuerpo encorvan,
esperan que el atardecer 
traiga con sus sombras
el alivio que tanto aguardan.

Y la recompensa llega,
las últimas luces 
de un sol abrasador
—dijeron adiós, hasta mañana—
ahora se erguirán inmaculadas
cuando por gotas de rocío
sean sutilmente acariciadas. 

Viviana Laura Castagno Fuentes


                        

UN CAMBIO NECESARIO


Cuando decidió partir 
del pueblo que la vio nacer,
—supo sin hesitar siquiera—
que sería para siempre.

Su juventud deseaba cambios,
—sentía que la rutina la limitaba—
amaba su río manso, sus amaneceres,
sus crepúsculos y su luna magnificente.

Amaba el entorno natural y único
pero un vacío existencial la agobiaba,
un cambio drástico sería la cura
para una angustia que se agigantaba.

Y el día llegó, partió sin mirar atrás,
cuando se decide un cambio
hay que hacerlo con el cuerpo y el alma,
vivir escindidos, es no cambiar nada.

Hoy, casi cuatro décadas después,  
—los recuerdos son inagotable riqueza—
mutó a su mujer niña por la adulta 
que la ciudad modeló con creces
despertando dones, que dormidos vivían. 

Viviana Laura Castagno Fuentes


                           

domingo, 24 de febrero de 2019

SILENCIOS ACUMULADOS

 

¿En qué o en quién estará pensando?

Su encorvado cuerpo
parece buscar respuestas en el suelo,
mientras su mente aun lúcida
hacia otros cielos escapa.

¿Cómo saberlo?

Es muy taciturno, casi hermético,
le ha puesto grilletes 
a su vida toda y en el pasado
decidió para siempre quedar anclado.

Su espalda, carga tantas palabras
jamás expresadas y todas ellas
se le fueron acumulando, 
porta una gran mochila 
con silencios tercos y agazapados. 

¿Cómo tender una mano de ayuda
a quién no acepta ser ayudado? 

A veces, no debemos hacer nada,
solo insuflar un sesgo de confianza 
para que no perciba el abandono,
pero respetando su derecho 
a la soledad elegida.

Tal vez entre sus recuerdos
anide la causa de tanto agobio
y en su aparente mirada perdida
él posea todas las respuestas.

Las mismas que hoy
le doblaron el cuerpo y el alma
como si fuese un frágil árbol
por un temporal vencido y quebrado
que mira sin mirar, hacia la tierra.


Viviana Laura Castagno Fuentes


                            

¿NOS ACOSTUMBRAMOS?


Me acostumbré a todo
o a casi todo, diría.

A no escuchar tu voz 
mientras entonabas,
las canciones que sabías 
que a mi alma enmudecían.

Me acostumbré, aquel cielo
que mirábamos, no es el mismo,
hoy es distinto, es otro,
hasta tiene un sol extraño
y no es el nuestro te confieso.

Me acostumbré, la luna
tiene una luz diferente,
la que mirábamos
era nuestro faro,
la que hoy miro está triste, 
perdió su magia, está ausente.

Me acostumbré a casi todo,
pero, en un resquicio del alma,
aun espero, aun deseo
que se esfumen las distancias.

Me acostumbré, pero no me acostumbro.

Viviana Laura Castagno Fuentes