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miércoles, 13 de noviembre de 2024

LO QUE QUEDÓ


Ingreso cada día 

al lugar donde viven

mis fragmentos, mis escombros,

cuando lo inevitable y natural

—pero inesperado—

distraída y frágil me demolió.


Intento acomodar de a poco

—nada es fácil—

necesito templanza y paz

para instalar un cierto orden

que será extraño y diferente

porque no soy la misma.


Son los imponderables 

que la vida nos propone

—estemos de acuerdo o no—

se quedaron los proyectos

hecho trizas —excepto los sueños—

todo lo que había desapareció.


Enseñanzas, clases magistrales

a cielo abierto, obligatorias,

—de las que nadie logra huir—

estuve allí desnuda y desvalida

—hoy avanzo en la edificación—

de un orbe nuevo y desconocido.


Viviana Laura Castagno Fuentes

UTOPÍAS


Quizá,

nos encontremos un día

en los pliegues de una rosa

mientras los colibríes liban. 


Quizá, 

sea cuando la arena 

nuestras huellas perpetúe

mientras a las olas desorienta.


Quizá,

coincidamos en un sueño

justo cuando tú despiertas

y cuando yo todavía duermo. 


Quizás,

el aroma del café intuyas

y con tu amoroso sigilo 

a enriquecer mi mañana regreses.


Quizás, 

abrevo en lo inasequible

sobre arenas movedizas camino

para que la vida sea como antes.


Quizá, quizá, quizá...


Viviana Laura Castagno Fuentes

martes, 12 de noviembre de 2024

PROCESOS


Y heme aquí, otra vez

en un constante 

e interminable

proceso de adaptación

—a vivir con las ausencias—.


No estaba preparada

—me faltó aprender— 

y por eso duele tanto,

tal vez es así el camino

o es una mixtura entre ambos.


Me queda la memoria ahora

—como depositaria privilegiada—

de las ausencias inevitables

—que a la muerte desafían—

cada vez que los recordamos.


Y heme aquí otra vez... 


Viviana Laura Castagno Fuentes

SÍ, ES ELLA


No, no son los ojos

es la mirada lo trascendente

transmite todo sin decir nada.


Hay ojos que hablan

y las palabras están ausentes

porque son innecesarias.


A veces, cruentas borrascas

la paz exilian e instalan guerras

y un grito de auxilio aparece.


Y no son las lágrimas,

es la mirada comunicando

que hay desgarros insoportables.


Pero también hay miradas 

que tienen la potestad 

de sonreír —cuando nos miran—. 


No, no son los ojos 

siempre será la mirada, siempre 

el lugar que ha elegido el alma.


No, no son los ojos...


Viviana Laura Castagno Fuentes

sábado, 9 de noviembre de 2024

EL INTIMIDANTE


Me intimidas, 

socavas y esmerilas

mis certezas todas.


Me anulas, 

y mis límites interiores

acotas con contundencia.


Me exacerbas,

aunque la ecuanimidad

y la paciencia me habiten.


Y me pregunto:

¿Por qué?

¿Por qué me desorganizas? 


Y creo poseer

las respuestas

aunque las preguntas huelguen.


Porque definitivamente amigo

eres un osado,

un voraz, un desafiante.


Convocas con elegancia

a la majestuosidad

y la exhibes sin pudor alguno.


Eres un seductor nato, 

aun para los distraídos 

que fingen no verte. 


Pero para mí 

eres un magnificente, 

un divino sorbo literario. 


Aunque me intimides

me anules y me exacerbes

serás mi eviterno privilegiado. 


Posees dones 

que te convierten 

en un orbe único y misterioso.


Eres estanque quedo,

a río prudente mutas

—cuando tu destino de mar— 

con donaire disimular intentas. 


Viviana Laura Castagno Fuentes 



viernes, 8 de noviembre de 2024

LO IRREVOCABLE


Te extraño,

cuando juega el viento

entre los abigarrados follajes

mientras a las aves despierta.


Te extraño,

mientras el café se enfría

porque aún te espero

intentando derribar los imposibles.


Te extraño,

cuando la mar embiste

a los distraídos acantilados

y luego, desahuciada retrocede.


Te extraño,

mientras observo los brotes

de una suculenta delicada

que en rosas se ha convertido.


Te extraño,

y es un sentimiento irrevocable

una parte de mí es terrenal

pero la otra — junto a ti vive—.


Viviana Laura Castagno Fuentes

DUEÑAS DE MÍ


Mis letras poseen 

la capacidad o el don

para inducir sutilmente

o callar a la poesía.


Y cuando ello sucede

no tengo injerencia alguna

—soy una rehén complaciente—

y ellas —mis carceleras—.


¿Podría aducir algo,

una justificación siquiera

que explique la orfandad

en que me sumen?


Definitivamente —no—,

porque no existe nada 

ellas son— mis amas dilectas—

y yo una obrera a su servicio.


—Percibo que me espían

como si me escudriñaran—

asoman sus ímpetus inspiradores

y luego hábilmente retroceden.


Aprendí junto a ellas

—el delicado arte de la paciencia—

y a mantenerme incólume, presta,

porque sin su anuencia, muere la poesía.


Viviana Laura Castagno Fuentes