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martes, 23 de julio de 2024

IRREEMPLAZABLES


Hay amores 

que por intensos

y genuinos

—en eviternos—

se convierten

y ante ellos

hasta el tiempo

languidece,

porque no logra 

menoscabarlos.


Su naturaleza

es una hechura

—sólida y contundente—,

no avala los ambages

ni las mentiras, 

porque solamente

—en la verdad—

abrevan y se consolidan.


Hay amores

que se instalan

amorosamente

en nuestros desiertos

y los fertilizan

—inauguran primaveras—

que a nosotros 

nos renuevan

y nos modifican.


Son amores únicos,

magnánimos,

no admiten sucedáneos

ni emulaciones,

ellos son huéspedes 

de lujo 

—y a perpetuidad—

en ese universo

donde mora el alma.


Hay amores...


Viviana Laura Castagno Fuentes

sábado, 20 de julio de 2024

INSOMNIOS

 

Existen madrugadas, en las que el insomnio —con suma idoneidad— se instala.

Y las mismas se tornan tan largas, que parecen atemporales e infinitas.

La mente audaz, intrépida, comienza su tarea, aunque le impongo férreos cerrojos, porque en libertad —es una virtuosa— una habilidosa manipuladora que al pasado entero solivianta.

Desvelos, espacios que parecen arcones —donde la memoria tiene su guarida— y cómoda se siente, porque se cree timonel de una barca que a la deriva —en apariencia— su derrotero está realizando.

Y es en ese lapso de tiempo, donde se cuelan —sin mi anuencia— los recuerdos, algunos son caricias sempiternas e inolvidables, pero percibo muy dentro que sangran todavía, porque no logré domeñar  con solvencia ese universo donde —las ausencias son una daga en el alma—.


Son heridas infligidas por la vida, 
que en el azaroso camino fuimos coleccionando —y que en apariencia se han petrificado— pero una noche de desvelo interminable las despertó también a ellas, están vivas, esperando ser curadas todavía.

Viviana Laura Castagno Fuentes

EL IRREVERENTE


Este invierno
trajo a sus fríos 
de otros lares 
y ha conmocionado
la aparente paz
del vergel 
que cómodamente
instalada estaba.

Nada quedó indemne,
su férrea embestida
desdibujó con creces
no solamente 
las texturas,
sino que secuestró
los colores 
que la natura exhibía.

Una bella suculenta
que parecía desafiar 
con gran hidalguía
las embestidas todas,
ante las heladas 
—inesperadas y hostiles—
ha claudicado 
y hoy sus ramas 
están desfalleciendo.

¿Qué te propones amigo?

He cuidado con esmero
cada especie, 
cuando el sol 
—su estoicidad amenazaba—
un resguardo seguro
era la respuesta 
y los esplendores
sus bríos recuperaban.

Pero, tu irrupción
—tan feroz, como implacable—
solamente trajo desaliño,
que desalentó la vida
de una amorosa
variedad de suculenta,
no estaba acostumbrada
—a tus fríos impetuosos—
ella medraba a gusto
con la calidez amorosa
que la primavera
y el estío le ofrendaban.

Viviana Laura Castagno Fuentes

TIEMPOS DE RESARCIMIENTOS


La abstracción,

un hábito saludable

—al menos para mí—

para desalojar

—o aprender a cohabitar—

con los páramos

que inevitablemente

ha ido instalando

en su derrotero

su majestad la vida.


Porque convengamos,

cuando la riada 

ha arrasado con todo

y los cimientos 

hasta ayer sólidos

—ya no existen—,

comienza un proceso

largo e interminable,

—una adaptación perpetua—

con carácter de reincidente.


Y es justo allí,

cuando aparece 

la impetuosa necesidad

que me conmina 

a ignorar el afuera

—tan nimio e indolente—

porque las respuestas

siempre estuvieron

y estarán 

—en ese lugar de privilegio—

donde el alma 

posee su estancia

por nosotros aguardando,

para resarcirnos.


Viviana Laura Castagno Fuentes

domingo, 30 de junio de 2024

FRONDOSA ALMA

 

Cada vez que observaba
la belleza de un ocaso,
su mente de niña —tan genuina—
imaginaba que el sol se ahogaba.

No cabían las explicaciones 
ante un alma con libertades
—la rigidez de la ciencia—
con creces languidecía,
para ella no había dudas,
su sol amado —cada tarde moría—.

Pero también imaginaba,
—que en una ostra dormía—
esperando al alba —su rescatista—
que a despertarlo más tarde llegaría.

Era la intrépida capacidad 
de una mente frondosa
—con un alma superlativa—
el hábitat perfecto 
donde las ilusiones se gestan.

Intuía ella, que esa ostra amorosa
—era la cuna para su sol cansado—
y que un amanecer esplendoroso
en rescatista habilidoso
—se convertiría—.


Viviana Laura Castagno Fuentes


GRITOS

 

Puedo pergeñar una poesía
que hable sobre las rosas,
las fragantes glicinas,
o los cielos diáfanos.

Podría escribir también,
sobre la niñez maravillosa
que esculpió a la mujer de ahora
la que mantiene viva a su niña.

Pero, hay momentos,
en que se desata en mi alma
—un clamor que exige gritos—
y las palabras son emisarias
no quieren flores, ni cielos,
ni infancia, tampoco primavera,
—sino que hable sobre la indolencia—.

Sí, esa indolencia que duele,
la que estruja al alma
como a un trapo raído y viejo
—la que mira sin mirar nada—
y se da el permiso absurdo
—para saludar a la injusticia—.

Hoy me bulle la sangre,
—tanta indiferencia espanta—
la riqueza en pocas manos
que se torna vil y obscena
y hace que me pregunte:
¿Para qué desean tanto
si no es para poner en otras manos
y otros estómagos que esperan?

Disculpen, hoy no pude escribir,
no logré plasmar nada sobre 
mi primavera y mis glicinas,
—me abdujo la cruda realidad— 
la misma que estrujó 
a mi alma anonadada
—cual trapo raído y viejo—
porque —tanta insensibilidad—
carece de explicaciones válidas. 

Viviana Laura Castagno Fuentes

viernes, 28 de junio de 2024

VÍNCULOS

 

Salió a pasear

—junto a su mejor amigo—

ama caminar, mientras

inhala fragancias conocidas

en el vergel de su vida. 


Hasta ayer nomás

sus pasos eran raudos,

—hoy la cautela se impone—

son bríos diferentes, 

porque son más sus años.


Sabe de largas caminatas

junto a su fiel compañero,

—están envejeciendo juntos—

poseen un vínculo simbiótico

indestructible —diría—. 


Afirma que a la muerte

—ya no le teme—

era su preocupación antes

cuando muy joven,

hoy es una curiosidad,

la está esperando casi.


Es la inefable sabiduría

que la experiencia aporta

—aquello que lo desvelaba—

se transformó ahora 

en un sueño apacible. 


Él supo hacer las paces

con los imponderables 

de un intenso pasado

—hoy tan presente—

y la paz fue la recompensa. 


El hombre y el perro

una relación rica, profunda

—una compañía férrea —

cuando fracasa a menudo

la de los humanos.

Viviana Laura Castagno Fuentes