El dolor es un docente,
—es un gran pedagogo—
nos explica con solvencia
lo que aún no comprendimos,
porque distraídos viajábamos
o porque tal vez no quisimos.El dolor llega investido
de vientos huracanados
—demuele con contundencia—
los frágiles cimientos erigidos
pero también los que resistían.
El dolor nos exhibe desnudos,
—nos arranca de cuajo—
desde el piso, hasta el techo
que nos preservaba,
el despojo es tan inmenso,
que aún acompañados
solos estamos.
Él carece de alertas,
no hay recetas, ni manuales,
ni guías instructivas
—es un tifón en un piélago bravío—
y nos reduce a todos
a náufragos sin brújulas ni puertos.
Viviana Laura Castagno Fuentes
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