Siempre te esperaré...
no importa la hora,
ni el día, ni siquiera el año,
aquí estaré con un café
fragante y recién servido
en la taza que se quedó
esperando igual que yo
que algún día, en algún lugar
podamos reencontrarnos.
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Siempre te esperaré...
no importa la hora,
ni el día, ni siquiera el año,
aquí estaré con un café
fragante y recién servido
en la taza que se quedó
esperando igual que yo
que algún día, en algún lugar
podamos reencontrarnos.
El viejo tronco
de una araucaria
que con sus años
está lidiando,
—literalmente
ha desaparecido—
porque dos trepadoras
lo están tapizando.
En una obra magna
que la natura ofrenda,
un níveo jazmín
está abrazando
a una bignonia anaranjada
que parece haber cedido
a una seducción en ciernes
y a sus mieles se ha entregado.
Un árbol majestuoso
es el escenario elegido
para que dos especies
desplieguen su espectáculo
y logren resarcir por un tiempo
las fuerzas alicaídas y endebles
de una araucaria provecta
que está diciendo adiós a la vida.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Cuando me haya ido
seré un olvido instantáneo
un año, una fecha, un nombre.
Cuando me haya ido
continuará la vida fluyendo
no se detiene por nadie.
Pero lo que también es cierto
es que no instigué jamás al mal
lo mío fue simple, solamente sembré letras.
Cuando percibo
que el maremágnum del afuera
me oprime y condiciona
despliego mis alas y vuelo,
observo desde arriba la confusión
que no tuvo mi anuencia
porque otros decidieron por mí
y siento lástima por ellos.
Nada han aprendido, nada,
creyeron que vivir era subyugar
a quién consideraban lábil
porque ellos se creían superiores;
tal vez consigan materializar
sus propósitos maliciosos
con actitudes beligerantes,
pero jamás sabrán sobre la paz
que la dignidad y el honor generan dentro.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Se apagó la tarde
menguó la intensidad
de su estridencia
y las sombras avanzaron,
una sutil invitación
para suavizar la hegemonía
de la velocidad y el apuro
que muchas veces nos conducen
a ningún lado.
Se quedaron mis errores
con su sesgo de irredentos
y se están acumulando.
Olvidé el itinerario certero
la desorientación es ama
en un presente obstinado.
Estoy buscando los sueños
que se quedaron dormidos
cuando los canceló el estío.
Dicen
que te has mudado
hacia un exilio inexpugnable
que a todos nos está esperando,
y que no podré verte
porque has desaparecido.
Pero, lo que nadie sabe
es que yo te encuentro
justo cuando los ojos cierro
y también cuando los abro
—nada consigue eclipsarte—.
Estás en el rayo de luz
que cada amanecer filtra
por cuanto resquicio encuentra;
estás en el frágil retoño
que a la vida está asomando
en silencio y me deslumbra.
Estás en los esplendores
que los jardines han diseñado
cual eclécticos artistas;
estás en las olas impetuosas
cuando el irredento mar decide
que —el hombre no decide nada—.
Dicen que te has mudado
hacia un sitio inexpugnable,
lo que nadie sabe ni sabrá
es que sólo te has vuelto invisible.
La espera
ese interregno inestable
que a la suspicacia instiga.
La espera
se vuelve un ramillete a veces
de sueños que al fin despertaron.
La espera
una multifacética habilidosa
que hasta a la ilusión disfraza.
La espera
a rendir examen nos conmina
porque es sorpresiva e inexacta.
Ella, tan especial y perceptiva
desorganiza mi vida con creces
y luego con su habilidad innata
y su desmedido amor la estabiliza.
Adoro perderme en sus ojos
dos farolas luminosas y atentas
que traen luz a las cerrazones
y saben preguntar con la mirada.
Ella, es lo mejor de mi mundo
deduce mis emociones, las guía,
y yo me dejo llevar hacia su paz
que en un tris —mía se vuelve—.
Ella, el principio de mi despertar
es mi docente exclusiva
en la universidad de la vida
el amor eterno e incondicional.
Tanto desgaste innecesario
nuestra mente pergeñando
lo que no llega a suceder nunca.
Tanto sentimiento enmudecido
otros hasta el hastío expresados
mientras se nos escurre la vida.
Tanta ambición por nimiedades
relegamos lo importante por lo urgente
como si la muerte nos fuese ajena.
Estamos condenadas
a ser sin haber sido
con esa sensación inequívoca
de que el pasado es ahora
el lugar asignado por la vida.
Aquel vendaval eclipsó todo
nos sorprendió una deriva
en un piélago ominoso
que por supuesto nos abdujo
y ante su embestida claudicamos.
Al final, todo es tan efímero
y nada queda indemne
el tiempo desdibuja, esmerila,
solamente el amor sobrevive
adherido allí, donde jamás fenece.