Quizá escribo
porque las palabras
que no verbalizo
sufren de claustrofobia,
y percibo tenuemente
que una vez escritas
a inhalar oxígeno las induzco
mientras sus alas extienden
y la vida vuelve a ser
para todas ellas.
Bienvenidos a este universo donde "La Poesía" les propone viajar hacia las profundidades del alma. Deseo que ese viaje sea ameno y los invite a regresar siempre. Muchas gracias por visitar este espacio.
Quizá escribo
porque las palabras
que no verbalizo
sufren de claustrofobia,
y percibo tenuemente
que una vez escritas
a inhalar oxígeno las induzco
mientras sus alas extienden
y la vida vuelve a ser
para todas ellas.
Es mejor a veces
que haya recuerdos
en estado de impolutos,
porque logran permanecer
intactos, sin máculas
que los desvirtúen.
Poseen un sesgo único
son intocables, inasibles,
como si fuesen misteriosas
e imponentes montañas
para ser observadas
no para profanarlas.
Recuerdos imborrables
que se han petrificado,
no pudieron ver la luz
son nonatos perpetuos
e inexpugnables.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Arrasa el fuego
en un lugar paradisíaco
—es natural dicen—,
pero los animales autóctonos
los lugareños desesperados
no saben dónde está la verdad
y emprenden el éxodo obligado
para preservar la vida
—que es lo único natural—
todo lo demás es suspicacia
fruto de la malicia humana
y de la avidez por lo material.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Estoy aprendiendo, porque las enseñanzas continúan, no acabaron todavía.
Tu ausencia habilitó un cráter dentro de mí, fue como si un meteorito hubiese impactado inopinadamente destruyendo todo mi universo y esparciendo el caos.
Estuve librando batallas en varios frentes, conmigo primero, tratando de lograr una adaptación rápida que al dolor grilletes le pusiera para que no atizara tanto.
Ignorancia supina la mía, jamás hay que ignorar el mensaje implícito, al contrario —necesita nuestra atención —, somos anfitriones de un invitado que demandará lo que sea para ser aceptado.
Y no intentemos evadirlo, es un gran habilidoso, podremos dar mil vueltas al planeta para disuadirlo —pero viajará con nosotros—, se acomodó en el alma.
Después azuza la opinión ajena —tal vez con buenas intenciones—, para convencernos de que la muerte es natural y que todos vamos a morir un día o ¿es un intento sutil de disuasión?
Es cierto, es lo más natural que existe, no existe nada más. Pero también lo es, que todos tenemos derecho a gestionar nuestro duelo —con nuestros matices—.
No existe un programa especial para dolientes, cada quién vivirá su trance como puede e irá adaptándose conforme transcurran los días, meses y años, lo que amerite.
Por eso —jamás pisen el ámbito donde el dolor anida—, porque solamente reclama respeto. Un ser que amábamos nos dijo adiós y para ese sentimiento queridos míos —no existen recetas mágicas—.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Se deshace el día
en los entresijos
que la noche está aviando,
ingresan los silencios
y las misteriosas sombras
que a los brillos exilian,
como si una orden
haya sido impartida
bajaron la llave maestra
de la luz y a oscuras quedamos.
Cada vez
que se agitan
las aguas plácidas
y a turbulentas mutan,
—me limito observarlas—
abandoné la huida
era innecesaria y frágil,
hoy dejo que inunden
con su reconocida destreza
mi universo entero,
no erijo barreras
tampoco escalo
las elegantes barrancas
para estar protegida
porque sencillamente...
elijo sumergirme en ellas.
Quizás amo a la primavera
—como si hoy la descubriese—
porque sabe atesorar destellos
de una infancia atiborrada
de sueños rebosantes y puros.
Quizá los argumentos huelguen
porque exceden las plenitudes
en un universo especial erigido
por la magnanimidad de la magia.
Quizá porque es una estación
hábil en multiplicar las lozanías
esculpidas por dones naturales
que se quedaron a vivir en el alma.
Viviana Laura Castagno Fuentes
Un bellísimo atardecer
interpretó su libreto,
un actor de la natura
que se retira de escena
y cede su espacio
a otro protagonista.
Quizá sea el mensajero
sobre un final inescrutable,
que se parecerá a sus luces
"con etapas para destellar
y otras para minimizarse"
mientras con donaire
van desapareciendo.
La lectura, ese refugio insospechado, ese reparo amable que a la mente suscita mientras al alma plácida cautiva.
Pone en jaque muchas veces lo que hemos aprendido y nos desafía con contundencia, sin lastimar un ápice.
Desordena y despabila los conceptos todos, es la naturaleza misma con sus estaciones y sus procesos de adaptación permanente.
Es un diálogo —íntimo y a medida— entre el autor y nosotros los lectores, los que en las páginas de un libro en ávidos exploradores nos convertimos.
Muchas veces lo leído nos resultó intrascendente, no logró modificar nada y es natural que suceda porque acicatea la búsqueda.
Pero, hay lecturas que nos invitan a cerrar los ojos para navegar en los mares que exhiben mientras nos proponen discernir y hasta me animo a decir —que cada palabra es portadora de nuevas perspectivas—.
Son esas experiencias extraordinarias que inducen a nuestro raciocinio mientras muy sutilmente —nos cambian—.
Sabrás
que continúas creando
los caminos que me llevan
lejos de la confusión
y del ruido vacuo y estéril.
Sabrás
se ha quedado el páramo,
antes lo miraba de soslayo
pero ahora estoy sembrando
retoños de fucsias y gardenias.
Sabrás
cambió todo sin reticencias,
la vida es hoy menos interesante
le imprimías tu peculiar sesgo
que en un tris abdujo, aquel estío.
Percibo íntimamente
que el afuera
se fue convirtiendo
en un lugar volátil
e inseguro.
Me incomoda,
inhabilita a mis alas
—justamente a ellas—
que del suelo me elevan
y me conducen
hacia el refugio
donde viven las letras.
Viviana Laura Castagno Fuentes